AUTORES RUSOS
 

 

 

  ALEXANDER PUSHKIN

 

JA BAS LIUBIL

 

Yo os amé: el amor no se ha extinguido
por entero en el alma todavía,
mas no temáis que vuelva a importunaros
ni que por causa alguna os aflija.
Yo os amé sin palabras ni esperanza,
preso de celos y de timidez;
os amé tan sincera y tiernamente
como Dios quiera os vuelvan a querer.

 

 

ELEGÍA

La alegría apagada de los años turbulentos

pesada es para mí; mas como el vino,

mientras pasan los años me da más embriaguez.

Mi camino es sombrío. Labores y dolor

me promete el agitado mar del porvenir.

 

Pero, amigos, aún no quiero morir.

Quiero vivir, para pensar, para sufrir.

Y sé que entre penas, ansiedades y congojas

me aguardan placeres todavía:

a veces gozaré las armonías;

a veces lloraré ante una visión,

y quizás en la tristeza de mi ocaso,

el amor lucirá su sonrisa de adiós.

 

 

YO VAGUÉ POR LAS CALLES BULLICIOSAS

 

Ya vague por las calles bulliciosas,
ya penetre en el templo populoso,
ya me rodeen alocados jóvenes,
en mis ensueños sigo estando absorto.

 

Me digo: pasarán raudos los años
y por muchos que aquí nos encontremos,
todos iremos a la eterna fosa
y para alguno ya llegó su tiempo.

 

Cuando contemplo el roble solitario,
este patriarca de los bosques -pienso-
sobrevivió al cruel siglo de mis padres
y sobrevivirá a este siglo nuestro.

 

Cuando acaricio a una tierna criatura
pienso que es hora ya de despedirme:
te cedo el puesto, florecer te toca,
y para mí ya es hora de pudrirme.

 

Cada día que pasa, cada hora,
me he acostumbrado a ejercitar la mente,
e intento adivinar cuál de entre ellos
será el aniversario de mi muerte.

 

Y ¿dónde me enviará la muerte el Hado?
¿En la guerra, en el mar, como viajero?
¿O si acaso será el valle vecino
el que reciba mis helados restos?

 

Y aunque para mi cuerpo inanimado
dónde se descomponga igual le sea,
yo, más cercano a mi solar querido,
de ser posible, reposar quisiera.

 

Y que a la entrada misma de mi tumba
una juvenil vida jugar pueda,
y que Naturaleza indiferente
con su eterna hermosura resplandezca.

 

 

 

MIHAIL LÉRMONTOV

 

EL PUÑAL

Yo te aprecio, mi puñal de noble acero.
Te forjó para la venganza el soñador georgiano;
te afiló para el combate el libre circasiano,
mas yo te aprecio, claro y frío compañero.


Una mano de lirio te puso en mi mano
a la despedida, en prueba de amor,
y no fue sangre lo que por ti se deslizó:
fue una gota de llanto, clara perla del dolor.


Y llenos de una tristeza misteriosa,
en mí se detuvieron sus ojos negros.
En la luz temblorosa, al igual que tu acero
se empañó su mirada y lució más hermosa.


Eres mi compañero, prenda de mudo amor.
De ejemplo servirás a mi vida peregrina:
como tú, no he de cambiar, y mi alma altiva,
como tú, amigo fiel, será fuerte en el dolor.