LUIS ROSALES
 

 

 

CONTIGO

Ya el tiempo es sólo el espejo
donde te sueño, lo mismo
que los chopos en invierno
sueñan su verdor florido, 


aunque el corazón te diga
que nunca soñé contigo,
que siempre puse la misma
corriente en distinto río. 


La costumbre de perderte
me busca cuando te miro;
me busca, me está diciendo
por que vivir no es preciso. 


Pero todo, todo, todo,
abril, todo lo que es digno
de recordarse, en ti toma
la luz de su señorío. 


El resplandor de aquel tiempo
cuando era el amor tan niño
que aún se quemaba las manos
con el perfume del mirto. 


Y el dolor que tuve luego
cuando te perdí, y el brío
de la esperanza que junta
lo que será y lo que ha sido, 


¡todo descansa en tus alas!
yo a Dios llorando le pido:
si cuanto vieron mis ojos
a través de ti lo han visto, 


que nada turbe el descanso
maternal donde resido,
que todo tenga en tu sangre
su nacimiento legítimo. 


La voz que quiso ser nieve,
la nieve que al fin fue río,
el don de ver y la pura
ensoñación de haber visto, 


el corazón donde a veces
canta un pájaro y sentimos
que se alegra la espesura
de la sangre con su trino, 


y el tránsito de la carne
que aún recuerda el paraíso,
que aún recuerda que fue pura
cuando se encuentra contigo, 


¡todo naciendo en la misma
mujer, y en el sueño mismo
que a la carne de sonrisa,
y hace, a la costumbre, rito! 


Así, tu mano en mi mano,
tu corazón junto al mío,
¡sosiégame, ten mis ojos
quietos, para siempre fijos 


en tu mortal primavera,
naciendo del gozo mismo
de tu bendición, naciendo
solo, desierto, contigo! 

  

LA VUELTA DEL AMOR

Sentí que se desgajaba
tu corazón lentamente
como la rama que al peso
de la nevada se vence;
sentí en tu mano un desfile
de golondrinas que vuelven,
y vi llenando tus ojos
aquella locura alegre
de los pájaros que cumplen
su fiesta sobre la nieve. 

 



LA RAÍZ

No lo puedes decir, pero lo vives
como vive la tierra el cuerpo de los muertos,
y los va transformando en trigo o en madera que devuelvan el calor que tuvieron,
y tu silencio te ilumina,
y te embellece mortalmente
igual que la sequía dora las hojas de los árboles en primavera aún,
y nadie sabe de qué raíz brota tu vida
en tanto que caminas como un río que se viste a diario el mismo cielo,
o se desnuda de las aguas durmientes y oficiales donde vas tramitándote,
mientras callas una palabra sola,
una sola palabra que persiste en tu cuerpo,
arremolinándolo todo interiormente como el viento en un pajar cerrado;
mientras callas una palabra sola
que no puedes decir,
que no puedes abrir como una puerta porque te quedarías deshabitada,
desamparadamente dicha y varonil,
porque te quedarías escrita para siempre igual que un nombre en una lápida.

 

 


LARGA ES LA AUSENCIA

Tu soledad, Abril, todo lo llena,
colma de luz la espuma y la corriente,
aurora niña con su sol reciente,
toro en golpe de mar como mi pena. 


La soledad del corazón resuena
desierto ya como un reloj viviente,
como un reloj que late porque siente
la marcha de tu pie sobre la arena. 


Y así vas caminando sangre adentro,
sangre hacia arriba, sangre hacia el primer encuentro,
sangre hacia ayer en la memoria mía; 


¡ay, corazón, donde me pisas tanto!,
¡qué soledad sin ti, cierva de llanto!
qué soledad de luz buscando el día.