OCTAVIO PAZ
   

 

         SONETOS - II  

    El mar, el mar y tú, plural espejo, 
    el mar de torso perezoso y lento 
    nadando por el mar, del mar sediento: 
    el mar que muere y nace en un reflejo. 
     

    El mar y tú, su mar, el mar espejo: 
    roca que escala el mar con paso lento, 
    pilar de sal que abate el mar sediento, 
    sed y vaivén y apenas un reflejo. 
     

    De la suma de instantes en que creces, 
    del círculo de imágenes del año, 
    retengo un mes de espumas y de peces, 
     

    y bajo cielos líquidos de estaño 
    tu cuerpo que en la luz abre bahías 
    al oscuro oleaje de los días. 

 

 

 

ACABAR CON TODO  

 

Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.  

Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas. 

Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas. 
Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas. 
Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.  

Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios. 

Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo.