OGSMANDE LESCAYLLERS

SONETOS A LA ISLA AUSENTE

I

Isla soñada y sentida,

cuanto te siento te canto.

Eres presencia y quebranto,

sobre el altar de mi vida.

 

Cuando te siento, te canto.

Yo siempre te estoy cantando.

De lejos te estoy llamando,

para borrar mis quebrantos.

 

Entra el mar en tu cintura.

Verde mar de tu sonrisa.

La brisa pasa de prisa.

 

Cabalga mi desventura.

En el mar de tu cintura,

mi sueño se corporiza.

  

SIN NOTAS AL MARGEN

 Para mi amiga Lía  

 

Escribes sin pensar, eso pretendes.

En cada pensamiento hay una idea

que es tu fantasma, y aunque no la veas

sale de tu interior y te sorprende.

 

Por qué te empeñas en no cumplir deseos

si estás llena de vida y alegrías

y te haces soledad, fuego y poesía.

Así lo vemos todos, así lo veo;

 

por qué te lías tanto, amiga lía,

si eres tan dulce y tierna; valimiento,

amor, campo, bandera, sinfonía.

 

Tú eres un manojo de poesía,

hecha de amor, de luz, alma, contento,

pero temes el juego de la vida.

 

 

ALAS MORBAS

 

En el instante en que mi cuerpo se convierta en nube.

Cuando entre al recinto donde se abre la escala de los mundos

Y toda condición deje de serlo para allanar las sombras,

O para desatarse las poleas y darle paso a los impedimentos.

Entonces, yo volveré a los sueños de la infancia.

Saldré de lo remoto para decir quien soy,

Sabedor de la vida y el misterio que envuelve

El paradigma de las estaciones,

La mirada furtiva de los perros,

Las sonoras palabras de las aguas y el viento

Que nadie escucha porque son como un soplo imperceptible.

Yo sé los trinos y el canto de las olas

Yo conozco la piel de los que duermen fuera de los tejidos

Y sé el peregrinar de los arrieros

Y los que van en bandas,

Por las ardientes arenas del desierto.

Al filo de estas almas nacen otras razones.

A los muertos, no les importa para nada el reposo.

La sal, no se percata de las aguas

Pero en toda armonía la voz del otro refrenda los dictámenes.

Soy de una especie indefinida,

Que no entra en el reino

De los que van hacia los cuatro puntos cardinales.

Vivir, no es tener una red y pasarse las horas columpiándose,

El gran plantío de mundos, que nos envuelve a todos,

Cruza impasible ante la mirada

De los que entran al sueño, orondos como el sueño,

Sin percatarse que están en el camino.

Diría más, porque nunca es bastante hilar los menesteres.

Cuando abres la puerta, descubres que la puerta es un misterio.

Que las flores sin pétalos carecen de ternura,

Porque en toda ternura hay un pétalo abierto

Que no está en el pistilo de la piedra.

Cuando surge una mano y detrás de esa mano despierta una mirada,

Hay que dejar vacías las palabras.

Morder las amapolas del silencio

Y entrar de nuevo al sueño, con las mismas preguntas

Que hacías en otros tiempos, cuando solo era un niño

Y miraba impasible las estrellas,

Sentado, tiernamente, sobre tus pensamientos,

Como si fueran pétalos de luz.

 

 

 

CATÁLOGO DE LA ETERNIDAD.

 

En la rústica piedra, donde se asienta el mundo,

Hay un metal deforme que se convierte en armas.

Las pasiones le prestan sus muletas.

El deseo lo conmina a convertirse en fuego

Y hasta los elementos más tranquilos

Juegan a contra luz con los designios.

 

Los sueños se hacen parte del parto de la vida.

Los hilos se destejen sobre las granas y los pífanos.

Los hilos son también, parte de la escalera,

Donde descansa el sueño de la guerra.

 

En la rústica piedra, que sirvió de eslabón a las ideas,

Vi como despertaban los relámpagos

Y las centellas rompían el silencio de la noche.

 

Toda acción es causal, como la vida.

El tejido que forma los recuerdos,

Tiene su nacimiento en las ideas.

Late como los truenos dentro del hemiciclo;

Forcejea con la luz y se emancipa.

 

En la inicial del mundo,

Cuando el primer instante se hizo rumbo,

Nació la voz y el silbo del silencio,

Hasta que aparecieron las palabras,

El eco, los sonidos, y  los vientos.

 

 

 

CERTIFICADO A TODO RIESGO.

                                     Para mi amigo Rafael Solano.

 

A ratos me despierto y veo como las nubes

Corren sin dirección movidas por los vientos,

Como si yo también fuera una nube.

 

A ratos me detengo frente al gran torbellino de la vida

Y veo como la vida se desata en tropel por los caminos.

A ratos soy la sombra de mis sombras

Y una huella imborrable del destino.

 

Subo al tejado de lo inconmensurable

Y veo la humanidad que va de bruces.

 

Veo a los hombres cada vez más distantes

Tabulando sus muertes y sus desilusiones.

 

A ratos veo un perro ladrándole a otro perro.

El engaño, lavándole los pies al desengaño.

Dos que fueron amigos, puestos de espaldas contemplando el abismo.

 

Veo la mano y el pie embadurnados,

En  el asfalto o sobre los desiertos y los bosques,

En un solo lamento, que nadie identifica ni detiene.

 

Veo los niños sin nombres ni apellidos,

Sin casas, sin escuelas ni futuro.

- es lo que más me duele-.

 

Veo que se van cerrando las ventanas;

Como entran y salen los mísiles  por las puertas del mundo.

 

Veo los geos de la muerte como te pisotean.

Te echan a la cárcel.

 

Te  leen los pensamientos;

Te acusan de ser un terrorista,

De leer el Corán,

O cualquier opinión que no entre en sus códigos idiotas

 

Veo la mancha insoluble de la guerra,

Bebiéndose la tierra de un suspiro.

 

Sólo queda la nada cuando cierro los ojos,

Hastiado de tanta impunidad,

En nombre del “amor” y la “justicia”

O de la santa y bendita “democracia”.

 

 

 

ENGAÑOS CULPABLES.

 

Van los hombres en dos bandos:

Los que mean para arriba,

Los que mean para abajo.

 

Forman  yuntas los perros de la aurora.

Hacen columnas verdes los mesiánicos.

Los de arriba caminan,

Los de abajo se esconden.

Los hombres van en bandos;

Unos mean para arriba, otros mean para abajo.

 

El agua de los pozos se calienta.

El fango de los puertos es de mármol.

La neblina del  Sur no alcanza a la del Norte.

Los fogones del hambre siempre están apagados.

 

Los hombres van en grupos,

Unos ponen las voces, otros ponen las manos.

Los vidrios de la tierra son de cera.

Las púas de la noche son de asfalto.

La hormiga y la lombriz se desconocen

Los humos de las piedras las cegaron.

Los hombres van en bandos desplegados.

Unos mean para arriba otros mean para abajo.

 

Las tijeras del sol son infinitas;

Hacen escaparates con los barcos,

Despeinan la mirada de la aurora,

Se comen las espigas de los astros.

Se funden con la noche y con el día,

Hacen que el trueno estalle como un látigo

Y como nadie alcanza su medida

Hacen caracolitos de relámpagos.

Por adentro y por fuera,

Por arriba y abajo los hombres van de espaldas,

Por la marea sin nombre de las manos,

Se arrancan a mordiscos la sonrisa

Se cosen con agujas los heraldos,

Petrifican sus voces en el tiempo

forman con las palabras un escándalo,

Hacen largas mentiras sus deseos

Unos mean para arriba, otros mean para abajo.

 

No les importan los puntos cardinales,

Tienen miedo unirse en un abrazo

Quieren seguir pudriéndose en el fango,

Quieren seguir quemándose las manos;

Creen que están condenados de por vida:

Unos meando hacia arriba,

Otros meando hacia abajo.

 

Como los astronautas del espacio,

No saben que el sentido es uno solo,

Aunque los puntos vayan inclinados.

 

Cuando dejen de mear se darán cuenta

Que sin querer, o que tal vez queriendo,

Ambos han sido meados.

 

 

CANCIÓN DEL SEMBRADOR.

 

Me acompañan los silencios,

Las brumas de los altares;

El viento, los capilares,

La lumbre de los inciensos.

 

Me acompaña la blancura

De la espuma vuelta sal,

Las crespas olas del mar

Y los rayos de la luna.

 

La noche difusa, Gruma;

Pedestal de los poetas,

Reverso de las mareas.

Cáñamo de las praderas.

 

Bordón interior del viento,

Panal de ungidas abejas

Que te endulzan la mirada

Y los labios se te pegan.

 

Me acompañan los sonidos,

Los timbres y las capeas

De los toros de Guisando

Tres días antes de las fiestas.

 

La vida se me atalaya.

Se atalayan mis ideas,

Sobre las aguas dormidas

En los ríos de mi tierra.

 

Me acompañan los tambores,

Los tejidos de la selva,

El cóndor que sobrevuela

El nido de mi cabeza.

 

Me acompañan huracanes,

Ciénagas y enredaderas,

Las arenas del desierto,

La furia de la tormenta.

 

Me acompaña la palabra;

La vida con sus ideas,

La platica del silencio

La muerte con sus tijeras.

 

Me acompaña la existencia,

La madre naturaleza,

La fuerza del universo

La eternidad y sus huellas.

 

Voy solo y acompañado

En compañía de mi ausencia,

Bebiéndome las preguntas

Antes de cada respuesta.

 

Voy acompañado y sólo,

Al compás de la marea

Con esto que llaman vida,

Sobre estos que llaman tierra.

 

 

 

VISIONES.

 

Avisto en la distancia lo que nos viene encima

Por culpa de las guerras y los políticos.

Hambres, enfermedades, crueles enfrentamientos

Entre  ricos pobres.

 

Ya estamos caminando sobre un ancho desierto,

Donde es casi imposible devolverle el verdor

Que tuvo en otros tiempos.

 

Estamos  diseñando el párrafo final de nuestro Apocalipsis.

Veo como se aproximan velozmente las sombras.

Saco un mapa de antiguo, con el que navegaba Piri Reis,

Pero en aquellos trazos, sólo encuentro polillas,

Que intentan como yo escapar de este mundo.

 

Miro al Norte y al Sur y sólo encuentro algunos comensales,

Que siguen arruinando, lo poco o nada,

Que queda en los hangares del planeta.

 

El Oriente no entiende los juegos de Occidente.

Occidente dispara sus tentáculos,

Sobre el desierto inmóvil, que a través de los siglos,

Hizo los fundamentos para un mundo de fábulas y dioses.

 

A la vuelta del día y las palabras, regresas con los ganglios infestados.

A la vuelta del viaje vienes descalzo y sin cabalgaduras.

A la vuelta del tiempo has consumido el tiempo

Y lentamente te vas petrificando en medio de los hogos de la muerte.

 

Miras alrededor y descubres la brasa que arde debajo de tus pies.

Miras al cielo y una densa neblina cubre lo celestial del firmamento.

Busca dentro de ti y no hallas nada,

Pero además, comprendes, que ya  la nada no contiene nada.

 

Sale a buscar un hombre, el que tiene más cerca, tu vecino;

Te cansas de llamarle, de tocarle la puerta

Y nada ni nadie te responde.

Todo ha quedado muerto, como en los cementerios.

Todo ha sido borrado por culpa de las guerras y los políticos.

 

Ante el vacío y tanta soledad, cierra los ojos, escarbas el silencio;

Buscas dentro de ti a ver si encuentras algo.

Sube a la superficie de tus sueños vencidos

Y ves como una luz comienza a parpadear allá en el fondo.

 

Después de cada muerte algo nuevo renace,

Inevitablemente, después de tantas muertes, algo nuevo tiene que nacer.

Entonces se hace necesario, para no repetir viejas historias,

Alimentar la tierra y los sueños,

Con lo mejor del hombre, con las savias del árbol,

Con las aguas del mar y las antorchas;

Y  borrar de las mentes y los mapas,

Las guerras y los políticos.

 

 

LA CIUDAD, MI CIUDAD.

 

La ciudad, mi ciudad, la más bella de todas las ciudades.

Siempre estoy en tus calles con tu gente.

Ando de amanecidas por la orilla del río,

Con  sus aguas pintadas cuando está de crecida

Y va en busca del Cauto irreverente.

 

Ciudad lejana, en estos días de ausencia,

De interminables horas sin olvidos,

Creciendo en sueños como una cicatriz,

En la frágil memoria de nuestro nacimiento.

 

Tierra polivalente legada por el tiempo.

Vista de lejos, eres como una orquilla;

Como esas casas de patios singulares,

Donde juegan las luces y las sombras.

 

Me acostumbré a soñar desde tus sueños.

A respirar contigo en la hucha del aire,

El mágico olor de los azahares.

 

La ciudad, mi ciudad, la más bella de todas las ciudades.

Al final del silencio siento el cascabeleo de los caballos.

A la hora del sueño, escucho melodías de guitarras,

Al fin de cada día me llegan tus recuerdos,

En el aroma intacto de la brisa.

 

Bayamo, melodiosa ciudad de los poetas.

Te sientas como un verso en la mirada,

En las tarjas del aire y las palabras.

En ti se hunden mis pasos cuando recorro el mundo.

A ti vuelvo en las tardes después de cada viaje.

En ti me quedo yo, en todos los instantes,

En mi peregrinar por tierra extraña.

 

Eres dentro de mí, como esa marca

Que deja el horizonte en la distancia,

Sobre el mar y las cubres de los montes.

 

El sol en su partida me deja tu recuerdo.

Un álbum de preguntas y voces cardinales,

Que cruzan por el aire como aves migratorias

En busca de un rincón donde pasar la noche.

 

Yo te veo en las prisas y en las pausas del tiempo.

Te veo en el apremio de tu gente

Que van como las cábalas destejiendo los sueños;

Enhebrando pregones y preguntas.

 

¿Cuándo se hará la luz sobre tus calles,

O sobre esas llanuras que te habitan,

Llenas de tamarindos y frutales,

Entre las grandes letras de mis libros,

En la pipa del viento y en la historia ?

 

Te conozco en el eco y en la fórmula.

En la pastosa miel de la neblina

Que forman el sendero de las garzas,

El grumo de la brisa y el canto de los gallos forasteros.

 

Bayamo, te acaricio y me acaricias.

Te contemplo a través de los vitrales,

Los grandes arco iris, las auroras boreales

Y en el ir y venir de las mareas.

 

No existe otra ciudad en todo el mundo, más hermosa que tú.

Tú eres mi religión, mi nacimiento,

La llama y las alforjas de mis ansias.

 

Allende a los caminos, siempre vuelvo a encontrarte

Convertida en espada y estandarte,

O hecha verso y canción en mi garganta.

 

 

 

ALGORITMOS.

 

Me voy haciendo algo, invertebrados vientos,

Apliques y vituallas, como una codorniz bicéfala y curiosa.

 

Me voy haciendo racha, curva de los caminos,

Ignoradas tormentas.

 

Me voy haciendo cielo, mares huracanados,

Timón de los poderes, ademanes del tiempo.

 

Me voy haciendo fósil, piedras purificadas,

Caballo de batalla, corazón de la tierra,

Espina de las arcas, timón de los mercados.

 

Me voy haciendo clavo, cincel, hacha y martillo,

Orodadas cavernas, interminables cumbres,

Inescrutables voces, tímidos parpadeos;

Columpios de la nada en la sartén del mundo.

 

Me voy haciendo cancha, petates de una orquesta,

Zapato a la media de muchos pies descalzos.

 

Me voy haciendo fierro, feroz y disidente.