MIGUEL HERNÁNDEZ

 
 

BALADA DE LA JUVENTUD

Llegó a mí triunfante: la vi, y la sorpresa
Como un licor grato mi alma embargó...
¿Quién eres?... le dije: ¿Divina princesa?
¿Hermoso fantasma? Su boca de fresa
se abrió dulcemente y así musitó:

Soy el hada blanca que deja el camino
fatal de la Vida regado de luz;
que enciende en las almas un fuego divino;
que oculta al humo su pobre destino
y de su existencia suaviza la cruz. 

Yo soy roja rosa que se abre lozana
al cálido beso del sol del Abril;
yo soy de la Vida la Aurora galana
naciendo entre nubes de ópalo y grana,
naciendo entre perlas y aljófares mil. 

Yo soy sueño cándido; yo soy fuente viva
que va furtiva por campo feraz;
yo soy dulce abeja zumbante y activa
que a todas las flores sus néctares liba;
yo soy nube de oro que pasa fugaz. 

Yo soy fuerte hoguera que inmensa se inflama
la sangre en las venas haciendo rugir;
poniendo en los ojos reflejos de llama,
los pechos cubriendo de ignífera escama,
haciendo gozosas las fibras crujir. 

Mi aliento da al viento más notas que el ave,
mi vida está urdida con una ilusión;
del cruel desengaño mi pecho no sabe;
en mí la sombría Tristeza no cabe;
en mi alma la Pena no encuentra mansión. 

Alcázares finjo más altos que montes;
escalo las bóvedas de ingrávido tul
asida a las ruedas de alados Featones
ensueño quimeras; oteo horizontes
de nieve, de rosa, de nácar, de azul. 

Yo soy gentil góndola que llegase henchida
de fe y de optimismo al fondo de mar;
yo soy copa llena de ardiente bebida;
yo soy del gran libro que forma la Vida
la página de oro que puede mostrar. 

No encuentro en mi senda traidores abrojos,
ni zarzas rastreras, ni acíbar, ni hiel;
la encuentro alfombrada de pétalos rojos
de ufanos claveles, de hilado embojos,
de luz, de alegría de rosas, de miel. 

De fúlgidas luces empapo los días;
los tristes escrúpulos de gayo color;
los huecos espacios de un mar de armonías
y un mar de fragancias; las noches sombrías
de encantos, de risas, de besos, ¡de amor!. 

Yo soy virgen casta que todos adoran,
que todos aguardan con viva inquietud;
yo soy manjar rico que todos devoran;
amante a quien todos suspiran y lloran
cuando huye a otros brazos; ¡yo soy Juventud!
 
Al oírla, a mis ojos un mundo risueño
vi abrirse, a mis plantan hallé dichas mil...
mas, cuando de ella creíame dueño,
de mi se alejaba lo mismo que un sueño,
lo mismo que un soplo de brisa sutil... 

A veces me digo con honda tristeza:
¿vendrá a mí aún el hada bendita que huyó?...
Mi frente surcada, mi cana cabeza
y el fuego de mi alma que a helarse ya empieza,
responde con mudas palabras: ¡No! ¡No!  

 

 

ELEGÍA  


Yo quiero ser llorando el hortelano    
de la tierra que ocupas y estercolas,    
compañero del alma, tan temprano. 

 

Alimentando lluvias, caracolas    
y órganos mi dolor sin instrumento,    
a las desalentadas amapolas    
daré tu corazón por alimento.    
Tanto dolor se agrupa en mi costado,    
que por doler me duele hasta el aliento.    

Un manotazo duro, un golpe helado,    
un hachazo invisible y homicida,    
un empujón brutal te ha derribado.    

No hay extensión más grande que mi herida,    
lloro mi desventura y sus conjuntos    
y siento mas tu muerte que mi vida.    

Ando sobre rastrojos de difuntos,    
y sin calor de nadie y sin consuelo    
voy de mi corazón a mis asuntos.    

Temprano levantó la muerte el vuelo,    
temprano madrugó la madrugada,    
temprano estás rodando por el suelo.    

No perdono a la muerte enamorada,    
no perdono a la vida desatenta,    
no perdono a la tierra ni a la nada.    

En mis manos levanto la tormenta    
de piedras, rayos y hachas estridentes    
sedienta de catástrofes y hambrienta.    

Quiero escarbar la tierra con los dientes,    
quiero apartar la tierra parte a parte    
a dentelladas secas y calientes.    

Quiero minar la tierra hasta encontrarte    
y besarte la noble calavera    
y desamordazarte y regresarte.    

Volverás a mi huerto y a mi higuera:    
por los altos andamios de las flores    
pajareara tu alma colmenera    
de angélicas ceras y labores.    
Volverás al arrullo de las rejas    
de los enamorados labradores.    

Alegrarás la sombra de mis cejas,    
y tu sangre se irán a cada lado     
disputando tu novia y las abejas.    

Tu corazón, ya terciopelo ajado,    
llama a un campo de almendras espumosas    
mi avariciosa voz de enamorado.    

A las aladas almas de las rosas    
del almendro de nata te requiero.    
que tenemos que hablar de muchas cosas,    
compañero del alma, compañero.

 

 

 

NANAS DE LA CEBOLLA

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchaba de azúcar,
cebolla y sangre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríeta, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

 

LAS MANOS 

Dos especies de manos se enfrentan en la vida, 
brotan del corazón, irrumpen por los brazos, 
saltan, y desembocan sobre la luz herida 
a golpes, a zarpazos. 

La mano es la herramienta del alma, su mensaje, 
y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente. 
Alzad, moved las manos las manos en un gran oleaje, 
hombres de mi simiente. 
  
Ante la aurora veo surgir las manos puras 
de los trabajadores terrestres y marinos, 
como un primavera de alegres dentaduras 
de dedos matutinos. 
  
Endurecidamente pobladas de sudores, 
Retumbantes las venas desde las uñas rotas, 
Constelan los espacios de andamios y clamores, 
Relámpagos y gotas. 
 
Conducen herrerías, azadas y telares, 
muerden metales, montes, raptan hachas, encinas, 
y construyen, si quieren, hasta en los mismos mares 
fábricas, pueblos, minas. 

Estas sonoras manos oscuras y lucientes 
las reviste una piel de invencible corteza, 
y son inagotables y generosas fuentes 
de vida y de riqueza. 

Como si con los astros en polvo peleara, 
como si los planetas lucharan con gusanos, 
la especie de las manos trabajadora y clara 
lucha con otras manos. 

Feroces y reunidas en un bando sangriento, 
avanzan al hundirse los cielos vespertinos 
unas manos de hueso lívido y avariento, 
paisaje de asesinos. 
  
No han sonado: no cantan. Sus dedos vagan roncos, 
Mudamente aletean, se ciernen, se propagan. 
Ni tejieron la pana, ni mecieron los troncos, 
Y blandas de ocio vagan. 

Empuñan crucifijos y acaparan tesoros 
que a nadie corresponden sino a quien los labora, 
y sus mudos crepúsculos absorben los sonoros 
caudales de la aurora. 

Orgullo de puñales, arma de bombardeos 
con un cáliz, un crimen y un muerto en cada uña: 
ejecutoras pálidas de los negros deseos 
que la avaricia empuña. 

¿Quién lavará estas fangosas que se extienden 
al agua y la deshonran, enrojecen y estragan? 
Nadie lavará manos que en puñal se encienden 
y en el amor se apagan. 

Las laboriosas manos de los trabajadores 
caerán sobre vosotras con dientes y cuchillas. 
Y las verán cortadas tantos exploradores 
en sus mismas rodillas. 

 

ME SOBRA EL CORAZÓN  

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,  
hoy estoy para penas solamente,  
hoy no tengo amistad,  
hoy sólo tengo ansias  
de arrancarme de cuajo el corazón  
y ponerlo debajo de un zapato.  

Hoy reverdece aquella espina seca,  
hoy es  el día de llantos en mi reino,  
hoy descarga en mi pecho el desaliento  
plomo desalentado.  

No puedo con mi estrella.  
Y me busco la muerte por las manos  
mirando con cariño las navajas,  
y recuerdo aquel hacha compañera,  
y pienso en los más altos campanarios  
para un salto mortal serenamente.  
Si no fuera ¿por qué? ... no sé por qué  
mi corazón escribiría una postrera carta,  
una carta que llevo allí metida,  
haría un tintero de mi corazón,  
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,  
y ahí te quedas, al mundo le diría.  

Yo nací en mala luna.  
Tengo la pena de una sola pena  
que vale más que toda la alegría.  

Un amor me ha dejado con los brazos caídos  
y no puedo tenderlos hacia más.  
¿No veis mi boca que desengañada,  
qué inconformes mi ojos?.  

Cuanto más me contemplo más me aflijo:  
cortar este dolor ¿con qué tijeras?.  

Ayer, mañana, hoy  
padeciendo por todo  
mi corazón, pecera melancólica,  
penal de ruiseñores moribundos.  

Me sobra corazón.  

Hoy descorazonarme,  
yo el más corazonado de los hombres,  
y por el más, también el más amargo.  

No sé por qué. no sé por qué ni cómo  
me perdono la vida cada día.  
 

 

LLAMO AL TORO DE ESPAÑA


Alza, toro de España: levántate, despierta.
Despiértate del todo, toro de negra espuma,
que respiras la luz y rezumas la sombra,
y concentras los mares bajo tu piel cerrada.

Despiértate.

Despiértate del todo, que te veo dormido,
un pedazo del pecho y otro de la cabeza:
que aún no te has despertado como despierta un toro
cuando se le acomete con traiciones lobunas.

Levántate.

Resopla tu poder, despliega tu esqueleto,
enarbola tu frente con las rotundas hachas,
con las dos herramientas de asustar a los astros,
de amenazar al cielo con astas de tragedia.

Esgrímete.

Toro en la primavera más toro que otras veces,
en España más toro, toro, que en otras partes.
Más cálido que nunca, más volcánico, toro,
que irradias, que iluminas al fuego, yérguete.

Desencadénate.

Desencadena el raudo corazón que te orienta
por las plazas de España, sobre su astral arena.
A desollarte vivo vienen lobos y águilas
que han envidiado siempre tu hermosura de pueblo.

Yérguete.

No te van a castrar: no dejarás que llegue
hasta tus atributos de varón abundante,
esa mano felina que pretende arrancártelos
de cuajo, impunemente: pataléalos, toro.

Víbrate.

No te van a absorber la sangre de riqueza,
no te arrebatarán los ojos minerales.
La piel donde recoge resplandor el lucero
no arrancarán del toro de torrencial mercurio.

Revuélvete.

Es como si quisieran arrancar la piel al sol,
al torrente la espuma con uña y picotazo.
No te van a castrar, poder tan masculino
que fecundas la piedra; no te van a castrar.

Truénate.

No retrocede el toro: no da un paso hacia atrás
si no es para escarbar sangre y furia en la arena,
unir todas sus fuerzas, y desde las pezuñas
abalanzarse luego con decisión de rayo.

Abalánzate.

Gran toro que en el bronce y en la piedra has mamado,
y en el granito fiero paciste la fiereza:
revuélvete en el alma de todos los que han visto
la luz primera en esta península ultrajada.

Revuélvete.

Partido en dos pedazos, este toro de siglos,
este toro que dentro de nosotros habita:
partido en dos mitades, con una mataría
y con la otra mitad moriría luchando.

Atorbellínate.

De la airada cabeza que fortalece el mundo,
del cuello como un bloque de titanes en marcha,
brotará la victoria como un ancho bramido
que hará sangrar al mármol y sonar a la arena.

Sálvate.

Despierta, toro: esgrime, desencadena, víbrate.
Levanta, toro: truena, toro, abalánzate.
Atorbellínate, toro: revuélvete.
Sálvate, denso toro de emoción y de España.

Sálvate.