CAROLINA CORONADO
 

 

 

EL AMOR DE LOS AMORES

Como te llamaré para que entiendas 
que me dirijo a Ti, dulce amor mío,
cuando lleguen al mundo las ofrendas  
que desde oculta soledad te envío?...

A Ti, sin nombre para mí en la tierra,
¿cómo te llamaré con aquel nombre,
tan claro que no pueda ningún hombre
confundirlo, al cruzar por esta sierra?

¿Cómo sabrás que enamorada vivo
siempre de Ti, que me levanto sola
del Gévora que pasa fugitivo
mirando relucir ola tras ola?

Aquí estoy aguardando en un peña
a que venga el que adora el alma mía;
¿por qué no ha de venir, si es tan risueña
la gruta que formé por si venía?

¿Qué tristeza ha de haber donde hay zarzales
todos en flor, y acacias olorosas,
y cayendo en el agua blancas rosas,
y entre la espuma lirios virginales?.

Y ¿por qué de mi vida has de esconderte?
¿Por qué no has de venir si yo te llamo?
¡Porque quiero mirarte, quiero verte
y tengo que decirte que te amo!

¿Quién nos ha de mirar por estas vegas,
como vengas al pie de las encinas,
si no hay más que palomas campesinas
que están también con sus amores ciegas?

Pero su quieres esperar la luna,
escondida estaré en la zarza-rosa,
y si vienes con planta cautelosa,
no nos podrá sentir paloma alguna.

Y no temas si alguna se despierta,
que si te logro ver, de gozo muero,
y aunque después lo cante al mundo entero,
¿qué han de decir los vivos de una muerta?.

 

 

 

LA ROSA BLANCA

¿Cuál de las hijas del verano ardiente, 
cándida rosa, iguala a tu hermosura, 
la suavísima tez y la frescura 
que brotan de tu faz resplandeciente? 

La sonrosada luz de alba naciente 
no muestra al desplegarse más dulzura, 
ni el ala de los cisnes la blancura 
que el peregrino cerco de tu frente. 

Así, gloria del huerto, en el pomposo 
ramo descuellas desde verde asiento; 
cuando llevado sobre el manso viento 

a tu argentino cáliz oloroso 
roba su aroma insecto licencioso, 
y el puro esmalte empaña con su aliento.

 

AMISTAD DE LA LUNA

Esa oscura enfermedad
que llaman melancolía,
me trajo a la soledad,
a verte, luna sombría.

Ya seas amante doncella,
ya informe, negro montón
de tierra, que en forma bella
nos convierte la ilusión,
ni a sorprender tus amores
mis tristes ojos vinieron,
ni a saber si esos fulgores
son tuyos o te los dieron.

Ni a mí me importa que esté
tu luz viva o desmayada,
ni cuando te miro sé
si eres roja o plateada.
Yo busco tu compañía,
porque al fin, muda beldad,
es tu amistad menos fría
que otra cualquiera amistad.

Sé bien que todo el poder
de tu misterioso encanto
no alcanzará a detener
una gota de mi llanto,
mas yo no guardo consuelos
para este mal tan profundo.

Fijo la vista en los cielos
porque me importuna el mundo...
¡Vergüenza del mundo es
si tiene mi pensamiento
que ir a buscarte al través
de las nubes y del viento,
y llevar hasta tu esfera
mi solitaria armonía,
para hallar la compañera
que escuche la pena mía!
Mas, pues no me da fortuna
otra más tierna amistad,
vengo con mis penas, luna,
a verte en la soledad.