MIGUEL DE CERVANTES
 

 

 

OVILLEJOS

 

¿Quién menoscaba mis bienes?

            ¡Desdenes!

¿Y quién aumenta mis duelos?
               ¡Los celos!
¿Y quién prueba mi paciencia?
               ¡Ausencia!

De ese modo en mi dolencia
ningún remedio me alcanza,
pues me matan las esperanzas,
desdenes, celos y ausencia.

¿Quién me causa este dolor?
               ¡Amor!
¿Y quién mi gloria repugna?
               ¡Fortuna!
¿Y quién consiente mi duelo?
               ¡El cielo!

De ese modo yo recelo
morir deste mal extraño,
pues se aúnan en mi daño
amor, fortuna y el cielo.

¿Quién mejorará mi suerte?
               ¡La muerte!
Y el bien de amor, ¿quién le alcanza?
               ¡Mudanza!
Y sus males, ¿quién los cura?
               ¡Locura!

De ese modo no es cordura
querer curar la pasión,
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.

 

 

Voto a Dios que me espanta esta grandeza 
y que diera un doblón por describilla! 
Porque exclama quién no sorprende y maravilla 
esta máquina insigne, esta riqueza?  

Por Jesucristo vivo, cada pieza 
vale más de un millón, y que es mancilla 
que esto no dure un siglo, oh gran Sevilla, 
Roma triunfante en ánimo y nobleza.  

Apostaré que el ánima del muerto, 
por gozar este sitio, hoy ha dejado  
a gloria donde vive eternamente.  

Esto oyó un valentón y dijo: -Es cierto 
cuanto dice voacé, señor soldado, 
y el que dijere lo contrario miente.  

Y luego incontinente, 
caló al chapeo, requirió la espada, 
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

 

 

Bien haya quien hizo
cadenitas, cadenas;
bien haya quien hizo
cadenas de amor!

¡Bien haya el acero
de que se formaron,
y los que inventaron
amor verdadero!
¡Bien haya el dinero
de metal mejor!
¡Bien haya quien hizo
cadenas de amor!

 

Cuando Preciosa el panderete toca
y hiere el dulce son los aires vanos,
perlas son que derrama con las manos;

flores son que despide de la boca.

Suspensa el alma, y la cordura loca,
queda a los dulces actos sobrehumanos,
que, de limpios, de honestos y de sanos,
su fama al cielo levantado toca.

Colgadas del menor de sus cabellos
mil almas lleva, y a sus plantas tiene
Amor rendidas una y otra flecha.

Ciega y alumbra con sus soles bellos,
su imperio Amor por ellos le mantiene,
y aún más grandezas de su ser sospecha.