CAMPOAMOR
 

 NO HAY DICHA EN LA TIERRA   

De niño, en el vano aliño 
de la juventud soñando, 
pasé la niñez llorando 
con todo el pesar de un niño. 
Si empieza el hombre penando 
cuando ni un mal le desvela, 
¡Ah! 
la dicha que el hombre anhela 
¿dónde está? 
Ya joven, falto de calma, 
busco el placer en la vida, 
y cada ilusión perdida 
me arranca, al partir el alma. 
Si en la estación más florida 
no ha mal que al alma no duela, 
¡Ah! 
la dicha que el hombre anhela  
¿dónde está? 
La paz con ansia importuna 
busco en la vejez inerte, 
y buscaré en mal tan fuerte 
junto al sepulcro la cuna. 
Temo a la muerte, la muerte 
todos los males consuela 
¡Ah! 
la dicha que el hombre anhela, 
¿dónde está? 

 
 

LA METEMPSICOSIS
 

I

Hallé una historia, lector,
en un viejo pergamino,
donde prueba un sabio autor
¡ay! que el variar de destino
sólo es variar de dolor.

 

II

FLOR.- Flor, primero, abandonada
entre unas yerbas broté
envidiosa y no envidiada;
¡sin ver el sol marchité,
llorando y sin ser llorada.

 

BRUTO.- A bravo alazán subí
y de victoria en victoria,
tras mil riesgos, conseguí
para mi dueño la gloria.

 

PÁJARO.- Ave después, hasta el llanto
Dios me condenó a expresar
con las dulzuras del canto:
canté, si, canté tanto
que al fin me mató el cantar.

 

MUJER.- Mujer, y hermosa, nací;
¡amante, no tuve fe;
esposa burlada fui;
¡lo que me amó aborrecí,
y me burló lo que amé.

SABIO.- Hombre al fin, ciencia y verdad
buscando en lid malograda,
fue, desde mi tierna edad,
mi objeto la inmensidad
y mi término la nada.

 

DICTADOR.- En mí, cuando César fui,
su honor la gloria fundó.
Siempre vine, vi y vencí;
adopté un hijo ¡ay de mi!
creció, le amé y me mató.

 

HOMBRE.- La escala transmigradora
de mis cien formas y modos
vuelvo ya a bajar, y ahora
un hombre soy que, cual todos,
vive, espera, sufre y llora.

 

III

Después del saber, lector,
la historia del pergamino
¿que importa ser hombre o flor,
¡ay! si el variar de destino
sólo es variar de dolor?