JOSÉ ÁNGEL BUESA

 

YA ERA MUY VIEJECITA

Ya era muy viejecita... Y un año y otro año 
se fue quedando sola con su tiempo sin fin. 
Sola con su sonrisa de que nada hace daño, 
sola como una hermana mayor en su jardín.

Se fue quedando sola con los brazos abiertos, 
que es como crucifican los hijos que se van, 
con su suave manera de cruzar los cubiertos, 
y aquel olor a limpio de sus batas de holán. 

Déjenme recordarla con su vals en el piano, 
como yéndose un poco con lo que se le fue; 
y con qué pesadumbre se mira la mano 
cuando le tintineaba su taza de café. 

Se fue quedando sola, sola... sola en su mesa, 
en su casita blanca y en su lento sillón; 
y si alguien no conoce que soledad es esa, 
no sabe cuánta muerte cabe en un corazón. 

Y diré que en la tarde de aquel viernes con rosas, 
en aquel "hasta pronto" que fue un adiós final, 
aprendí que unas manos pueden ser mariposas, 
dos mariposas tristes volando en su portal. 

Sé que murió de noche. No quiero saber cuándo. 
Nadie estaba con ella, nadie, cuando murió: 
Ni su hijo Guillermo, ni su hijo Fernando, 
ni el otro, el vagabundo sin patria, que soy yo. 

 

BALADA DEL TULIPÁN NEGRO.

Karl Gustav Van der Meyer
era un gran jardinero.
Allá en su alegre Holanda,
de cofias y de molinos,
donde canales y suecos,
Karl Gustav Van der Meyer, soñaba con la gloria
de un tulipán fastuosamente negro,
íntegramente negro, como las noches árticas,
como un luto total de terciopelo...

Y era así, día a día y año a año,
y sueño era un sueño, pero el, imperturbable,
regaba sus macetas, meditando en abonos
y en injertos... y a veces, distraído,
se guardaba los bulbos en los bolsillos del chaleco.

Karl Gustav Van der Meyer, indiferentemente,
vio blanquear sus cabellos...
pasó el amor un día y el se encogió de hombros,
para seguir soñando con tulipanes negros.

Pero una noche, alguien saltó la tapia,
alguien con un puñal, y el jardinero
cayo de bruces sobre sus macetas, muerto.
Y alguien cavo en la tierra, echó el cadáver
y tapó aquel hueco.

Karl Gustav Van der Meyer se quedó para siempre
en la penumbra de su invernadero.
Ah! pero un día, un día se vio brotar del osuelo
un tulipán de luto, fastuosamente negro,
íntegramente negro...

Karl Gustav Van der Meyer no pudo ver su gloria,
pues la abonó su propio cuerpo.
Karl Gustav Van der Meyer no supo que su muerte
le dio vida a su sueño.
Karl Gustav Van der Meyer siempre llevaba bulbos
en los bolsillos de su chaleco.

 Por los viejos canales siguen pasando barcas
 y aun giran como entonces los molinos de viento,
 las muchachas sin novio regresan el domingo
 entre un blancor de cofias y un trepidar de zuecos...

 Ah! y sin embargo, Karl Gustav Van der Meyer
 era un gran jardinero.

 

 

(De canciones absurdas)

2

El corazón de un sueño
palpita entre mis manos.
-Pétalo de una música
rizada hacia los astros-.

(Ya no recuerdo dónde,
ya no recuerdo cuando,
ya no recuerdo cómo...
No puedo recordarlo...)

El corazón de un sueño
palpita entre mis manos.
-Puerta que no abrió nadie,
y que nadie ha cerrado-.

Onda de bordes tibios,
pálida voz sin labios,
latido de silencio,
polvo de ecos amargos...

-El corazón de un sueño
palpita entre mis manos...-

 

CON LA SIMPLE PALABRA

Con la simple palabra de hablar todos los días,
que es tan noble que nunca llegará a ser vulgar, 
voy diciendo estas cosas que casi no son mías, 
así como las playas casi no son mar.  

Con la simple palabra con que se cuenta un cuento, 
que es la vejez eterna de la eterna niñez, 
la ilusión, como un árbol que se deshoja al viento, 
muere con la esperanza de nacer otra vez.  

Con simple palabra te ofrezco lo que ofreces, 
amor que apenas llegas cuando te has ido ya: 
Quien perfuma una rosa se equivoca dos veces, 
pues la rosa se seca y el perfume se va.  

Con la simple palabra que arde en su propio fuego, 
siento que en mí es orgullo lo que en otro es desdén: 
Las estrellas no existen en las noches del ciego,
pero, aunque él no lo sepa, lo iluminan también. 

Y así, como un arroyo que se convierte en río, 
y que en cada cascada se purifica más, 
voy cantando este canto tan ajeno y tan mío, 
con la simple palabra que no muere jamás.

 

 

CANCIÓN DEL AMOR PROHIBIDO  
    Sólo tu y yo sabemos lo que ignora la gente  
    al cambiar un saludo ceremonioso y frío,  
    porque nadie sospecha que es falso tu desvío,  
    ni cuanto amor esconde mi gesto indiferente.  

    Sólo tu y yo sabemos porque mi boca miente,  
    relatando la historia de un fugaz amorío;  
    y tu apenas me escuchas y yo no te sonrío ...  
    y aún nos arde en los labios algún beso reciente.  

    Sólo tu yo sabemos que existe una simiente  
    germinando en la sombra de este surco vacío,  
    porque su flor profunda no se ve, no se siente.  

    Y así dos orillas tu corazón y el mío,  
    pues, aunque las separa la corriente de un río,  
    por debajo del río se unen secretamente.  

 

POEMA

Quizás te diga un día, que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esta despedida,
que, aunque el amor nos une, nos separa la vida.

Quizás te diga un día que se me fue el amor,
y cerraré los ojos para amarte mejor;
porque el amor nos ciega, pero, vivos o muertos,
nuestros ojos cerrados ven más que estando abiertos. 

Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esta despedida,
que nos quedamos juntos, para toda la vida.

 

 

 

POEMA DEL FRACASO 

    Mi corazón, un día, tuvo un ansia suprema,  
    que aún hoy lo embriaga cual lo embriagaba ayer;  
    Quería aprisionar un alma en un poema,  
    y que viviera siempre... Pero no pudo ser.  

    Mi corazón, un día, silenció su latido,  
    y en plena lozanía se sintió envejecer;  
    Quiso amar a un recuerdo más fuerte que el olvido  
    y morir recordando... Pero no pudo ser.  

    Mi corazón, un día, soñó un sueño sonoro,  
    en un fugaz anhelo de gloria y de poder;  
    Subió la escalinata de un palacio de oro  
    y quiso abrir las puertas... Pero no pudo ser.  

    Mi corazón, un día, se convirtió en hoguera  
    para vivir plenamente la fiebre del placer;  
    Ansiaba el goce nuevo de una emoción cualquiera,  
    un goce para el solo... Pero no pudo ser.  

    Y hoy llegas tu a mi vida, con tu sonrisa clara,  
    con tu sonrisa clara, que es un amanecer,  
    y ante el sueño más dulce que nunca antes soñara,  
    quiero vivir mi sueño... Pero no puede ser.  

    Y he de decirte adiós para siempre, querida,  
    sabiendo que te alejas para nunca volver;  
    Quisiera retenerte para toda la vida...  
    Pero no puede ser ¡Pero no puede ser!  
     

                

POEMA DEL RENUNCIAMIENTO  

 

Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.  

Pasarás en silencio por mi amor, y al pasar,  

fingiré una sonrisa, como un dulce contraste 

del dolor de quererte... y jamás lo sabrás.   

 

Soñaré con el nácar virginal de tu frente;  

soñaré con tus ojos de esmeraldas de mar; 

soñaré con tus labios desesperadamente;  

soñaré con tus besos... y jamás lo sabrás.    

 

Quizás pases con otro que te diga al oído  

esas frases que nadie como yo te dirá;  

y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,  

te amaré más que nunca... y jamás lo sabrás.   

 

Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible, 

 como un sueño que nunca lograré realizar;  

y el lejano perfume de mi amor imposible 

 rozará tus cabellos... y jamás lo sabrás.    

 

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento, 

 -- el tormento infinito que te debo ocultar -- 

 te diré sonriente: "No es nada... ha sido el viento". 

Me enjugaré la lágrima .. ¡y jamás lo sabrás!    

 

 

 

CARTA A USTED
  
Señora: 


Según dicen ya tiene usted otro amante. 
Lástima que la prisa nunca sea elegante. 
Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa, 
se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa.   

Y me parece injusto discutirle el derecho 
de compartir sus penas sus goces y su lecho 
pero el amor señora cuando llega el olvido 
también tiene el derecho de un final distinguido.  

Perdón... Si es que la hiere mi reproche... Perdón 
aunque sé que la herida no es en el corazón 
Y para perdonarme... Piense si hay más despecho 
que en lo que yo le digo, que en lo que usted ha hecho.  

Pues sepa que una dama con la espalda desnuda 
sin luto en una fiesta, puede ser una viuda. 
Pero no como tantas de un difunto señor 
sino para ella sola, viuda de un gran amor.  

Y nuestro amor recuerdo, fue un amor diferente 
(al menos al principio, ya no, naturalmente). 
Usted será el crepúsculo a la orilla del mar, 
que según quien lo mire será hermoso o vulgar.  

Usted será la flor que según quien la corta, 
es algo que no muere o algo que no importa. 
O acaso cierta noche de amor y de locura 
yo vivía un ensueño... y usted una aventura.  

Si... usted juró cien veces ser para siempre mía 
yo besaba sus labios pero no lo creía. 
Usted sabe y perdóneme que en ese juramento 
influye demasiado la dirección del viento.  

Por eso no me extraña que ya tenga otro amante 
a quien quizás le jure lo mismo en este instante. 
Y como usted señora ya aprendió a ser infiel 
a mí así de repente me da pena por él.  

Sí es cierto... alguna noche su puerta estuvo abierta 
y yo en otra ventana me olvidé de su puerta 
O una tarde de lluvia se iluminó mi vida 
mirándome en los ojos de una desconocida.  

Y también es posible que mi amor indolente 
desdeñara su vaso bebiendo en la corriente. 
Sin embargo señora... Yo con sed o sin sed 
nunca pensaba en otra... si la besaba a usted.  

Perdóneme de nuevo si le digo estas cosas 
pero ni los rosales dan solamente rosas. 
Y no digo estas cosas por usted ni por mí 
sino por... por los amores que terminan así. 
  
Pero vea señora... que diferencia había 
entre usted que lloraba... y yo que sonreía. 
Pues nuestro amor concluye con finales diversos 
usted besando a otro... Yo escribiendo estos versos.

 


 

OASIS   

Así como un verdor en el desierto,  
con sombra de palmeras y agua caritativa,  
quizás será tu amor lo que me sobreviva,  
viviendo en poema después que yo me haya muerto.    

En ese canto, cada vez más mío,  
voces indiferentes repetirán mi pena,  
y tú que has de ser entonces como un rastro en la arena,  
casi como una nube que pasas como un río...    

Tú serás para todos una desconocida,  
tú, que nunca sabrás cómo he sabido amarte;  
y alguien, tal vez, te buscará en mi arte,  
y, al no hallarte en mi arte, te buscará en mi vida.    

Pero tú no estarás en las mujeres  
que alegraron un día mi tristeza de hombre:  
Como oculté mi amor sabré ocultar tu nombre,  
y, al decir que te amo, nunca diré quién eres.  

Y dirán que era falsa mi pasión verdadera,  
que fue sólo un ensueño la mujer que amé tanto;  
o dirán que era otra la que canté en mi canto,  
otra, que nunca amé ni conocí siquiera.  

Y así será mi gloria lo que fue mi castigo,  
porque, como un verdor en el desierto,  
tu amor me hará vivir después que yo haya muerto,  
pero cuando yo muera, tú morirás conmigo!