PÍO BAROJA

 

 

 

BOUQUINISTE

 

Del puente de Solferino

hasta el quai de la Tournelle,

¡cuantas veces he pasado

en busca de algo que leer!

He recorrido los puestos

con una constancia fiel

de culto y grave bibliófilo,

aunque no lo llegue a ser.

Hace algo más de ocho lustros

que esa busca comencé;

puede que ya la abandone

por pereza o por vejez.

Conozco caja por caja

el muelle de Saint–Michel.

el de Conty y Montebello,

el de Orsay y el de Voltaire.

Estas orillas del Sena

son un inmenso almacén

de cuadros, libros y estampas

de viejo y nuevo a la vez.

 

Cuando voy en mi paseo

desde la estación de Orsay,

a la izquierda, sobre el río,

esto es lo que suelo ver:

el Louvre y las Tullerías,

la fuente del Chatelet,

el espolón de la isla

antigua de la Cité,

que tiene aspecto de barco,

con su proa y su bauprés,

y luego, como las velas,

de la nave parisién

en cielo claro o brumoso

con sol al atardecer,

las torres de Nôtre–Dame

es un cielo de satén.

Parece una tela suave

de Monet o de Sisley,

con tonos de rosa pálido

y colores de Vermeer.

 

A veces, entre las cajas

de libros, se empieza a ver

el cauce del Sena oscuro

como un canal holandés,

y al buen pescador de caña

con su anzuelo y su cordel,

que espera con optimismo

que en el agua pique un pez.

Yo tomo el Metro en la plaza

próxima de Saint–Michel,

y voy, cambiando estaciones,

a la calle de Marboeuf.

Allí me meto en mi cuarto

y me dedico a leer

lo que he comprado en un puesto

del muelle de Malaquais.

 

 Pío Baroja Tomado de: Canciones del Suburbio

 

Nació en San Sebastián en 1872 y murió en Madrid en 1956. Su primera carrera fue la de medicina, que ejerció poco tiempo, para dedicarse a la literatura.

 

Perteneció también a la R.A.E. y es considerado como uno de los escritores más importantes de su generación, formando un grupo al que denominaron “Los Tres” con Azorín y Maeztu, el que cual produjo influencia anarquizante en la generación a la que pertenecían.

 

Sus novelas normalmente van agrupadas en trilogías, siendo sus personajes favoritos vagabundos y aventureros, pasando después a adaptar su léxico a descripciones de la vida madrileña o del paisaje vasco.

 

Trató de hacer incursiones frustradas en el campo de la política (como candidato a concejal lerrouxista en 1910) y la adquisición, en 1912, del caserón de Itzea en Vera de Bidasoa, donde residió largas temporadas. A partir de entonces, su vida, desprovista de acontecimientos externos, fue una entrega constante y callada a la creación de caracteres y ambientes. Al estallar la guerra civil, Baroja, hostil a los dos bandos, tuvo un incidente con los carlistas, en Santesteban, y marchó seguidamente a Francia, de donde regreso en 1940.

 

Fiel durante toda su vida al espíritu del 98, Baroja descarta, en su obra, la posibilidad de una creencia (sea religiosa, moral o política) a la que el hombre pueda asirse, si
no es una incontrolada voluntad de dominio y una suerte de activismo nihilista, que lo vincula ideológicamente con Nietzsche y que constituye el eje conductor de las novelas correspondientes a su segunda época.

 

Es un escritor que rehuye el párrafo largo y elocuente con una copiosa producción.

 

 

Libros de memorias: Juventud; Egolatría; Desde la última vuelta del camino.

Ensayos: El tablado de Arlequín; Las horas solitarias; La caverna del humorismo; Vitrina pintoresca.

Conferencias: Divagaciones apasionadas.

Biografías: Juan Van Halen, el oficial aventurero; Siluetas románticas.

Poesía: Canciones del suburbio.

Novelas: 75 volúmenes de novelas, agrupadas por Baroja en trilogías; las más destacadas son: La lucha por la vida (La busca; Mala hierba; Aurora roja); Tierra vasca (La casa de Aizgorri; El mayorazgo de Labraz; Zalacaín el aventurero); Agonías de nuestro tiempo (El gran torbellino del mundo; Las veleidades de la fortuna; Los amores tardíos); La raza (La dama errante; La ciudad de la niebla; El árbol de la ciencia).