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RAMIRO DE MAEZTU

 

 

Este personaje nació en Vitoria en 1974 de padre vasco y madre inglesa. Murió en Madrid durante el año 1936, ya que a comienzos de la Guerra Civil fue fusilado por las milicias republicanas.

 

En Madrid residió desde 1898 interviniendo intensamente en movimientos políticos. Al principio de su vida era destacada su apasionante rebeldía, pero después vuelve al catolicismo, componiendo una obra sobria de una prosa trabajada y gustosa.

Gran parte de sus artículos periodísticos aparecieron recogidos en volúmenes: La crisis del humanismo; Don Quijote, Don Juan y la Celestina; Defensa de la Hispanidad, su obra maestra.

 

Su constante observación, le permitía introducirse rápidamente en la mentalidad del hombre, problemas, idiosincrasias e influjos nacionales. Toda la experiencia adquirida desde de la niñez, le abasteció de abundante modo para su continuo ejercicio de sembrador de ideas.

 

El fallecimiento de su padre convirtió su vida en una auténtica desolación y una dura lucha por la supervivencia motivada por la bancarrota existente en su familia. Ello hizo que empezara a deambular por el mundo dedicándose a diferentes actividades hasta que empezó a sobresalir en sus escritos, debido a ser una persona habituada a estudiar.

 

A su vuelta a España, se inició en el periodismo, primero en Bilbao, después en Madrid, con una extensa colaboración en revistas y periódicos. Era cuando a los 25 años de edad, escribió en "Vida Nueva" bajo el nombre "un ministro loco." En Madrid, él tuvo la oportunidad de conocer a un grupo de pensadores fenomenales, el grupo  que llevaba el nombre de "la generación del 98." Compartía su espíritu rebelde con sus colegas Azorín y Baroja. Como un pensador más filosofal, él era más pragmático y programático que los otros.

 

En 1900, ellos "Los Tres" (Maeztu, Azorín y Baroja) decidieron publicar un manifiesto de carácter reformista. Empezaron también a pedir la ayuda de Miguel de Unamuno. Se la concedió desde Salamanca.

 

El papel que desempeñó Maeztu en las letras españolas desde finales del siglo pasado al inicio de la guerra civil, resulta evidente en su condición de referencia obligada sobre todos los estudios de la cultura española de aquella época. Particularmente importantes son las alusiones a su obra en los escritos de sus coetáneos (P. Baroja, Azorín, Ortega y Unamuno).