Miguel de Unamuno

MIGUEL DE UNAMUNO

“Dios es un loco que se cree Unamuno”

 

 

Bilbaíno de nacimiento (1864), murió en Salamanca en 1936. Estudió Filosofía y Letras en Madrid, Fue catedrático de griego en la Universidad de Salamanca y también su rector desde 1901. Estuvo desterrado varios años, sin embargo su mayor lucha no fue la política, sino consigo mismo, debido a unas ideas contradictorias que no le permitían encontrar su propia paz.

 

En su obra busca un estilo desnudo de toda afectación y en ella abunda la paradoja y antítesis. Se le considera como el creador de un nuevo estilo barroco en la Literatura Española.

 

Escribió ensayos, novela, teatro y también poesía. En una gran discrepancia con su época, lo más importante para él, está basado en la imaginación, fantasía y todo aquello que sueña la mente.  

 

 

 

 

 

LA ORACIÓN DEL ATEO

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes, 
y en tu nada recoge estas mis quejas 
Tú que a los pobres hombres nunca deja 
sin consuelo de engaño. No resistes 
  
a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes. 
Cuando Tú de mi mente más te alejas, 
más recuerdo las plácidas consejas 
con que mi ama endulzóme noches tristes. 
  
¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande 
que no eres sino Idea; es muy angosta 
la realidad por mucho que se expande 
  
para abarcarte. Sufro yo a tu costa, 
Dios no existente, pues si Tú existieras 
existiría yo también de veras.


LA PALABRA 
  
De la luz tenebrosa flor sonora, 
del mar del infinito faro y abra, 
sin principio y sin fin por siempre aurora 
que llama el Universo y que lo labra, 
Copérnico, es el habla creadora, 
prenda de paz final es la Palabra. 

 

SOMBRA DE HUMO


¡Sombra de humo cruza el prado!
¡Y que se va tan de prisa!
¡No da tiempo a la pesquisa
de retener lo pasado!

Terrible sombra de mito
que de mi propio me arranca,
¿es acaso una palanca
para hundirse en lo infinito?

Espejo que me deshace
mientras en él me estoy viendo,
el hombre empieza muriendo
desde el momento en que nace.

El haz del alma te ahuma
del humo al irse a la sombra,
con su secreto te asombra
y con su asombro te abruma.



MADRE, LLÉVAME A LA CAMA

Madre, llévame a la cama.
Madre, llévame a la cama,
que no me tengo de pie.
Ven, hijo, Dios te bendiga
y no te dejes caer.

No te vayas de mi lado,
cántame el cantar aquél.
Me lo cantaba mi madre;
de mocita lo olvidé,
cuando te apreté a mis pechos
contigo lo recordé.

¿Qué dice el cantar, mi madre,
qué dice el cantar aquél?
No dice, hijo mío, reza,
reza palabras de miel;
reza palabras de ensueño
que nada dicen sin él.

¿Estás aquí, madre mía?
porque no te logro ver....
Estoy aquí, con tu sueño;
duerme, hijo mío, con fe.