VERSOS SIN RESPUESTA

Adonde brilla desnuda la verdad nadie se necesita (Luis Cernuda)

 

 

UNA GEISHA EN EL INFIERNO DE DANTE

 

Voy a vestir de blanco y oro las soledades que me hicieron libre,
los momentos en los que derrota y victoria apretaron sus puños para hacer causa.

Mientras habla mi desierto, reemplazo el amarillo que huele a incienso.
No es mi soledad peor que otras, ¿sabes? Lluevo en gotitas de desengaños
amasados por instantes de gloria sobre la espuma del mar.

Son silencios que al andar se muestran desiguales,
      - unos por María -
         - otros por ellos - quizás, pero...
la sonrisa de hierbabuena amanece en la magia del ocaso.

Para probarme a mi misma que sigo andando
amanezco entre pagana y humilde en brazos de los hechos,
y he aquí, que aparece una geisha en el infierno de Dante.

Al azar voy y vengo, ¿me recuerdas? - no lo menciones -,
el agua de mi fuente nunca está seca.

Cómo decir de pronto que quiero irme, que no me importa,
cuando estoy segura de que me aferro a la loca ilusión que me impacienta.

Tú dormirás para que yo te escuche, te ame, te arrope,
en la cadencia de mis pasos sin nombre y sin edad,
combinando sueños románticos con realidades que transcienden.

Permanecerá la noche de besos robados llevando de la mano
un "si yo pudiese" que enturbiará mis lágrimas.

 

 

HABLANDO CON NADIE

 

Como hemos cambiado.

A través de un tiempo que apenas nos roza,

bailamos en torno a aquello que nadie va a darnos.

Hablamos, a corazón abierto,

con el agua rozándonos

en la densidad sentimental.

 

Nos atraviesa el cuerpo como una alimaña

el miedo a ser soñadores furtivos,

viejos y humillados

por haber interrogado a la noche

en busca de amor,

haciendo una oferta razonable

a la última estrella que se nos cruza.

 

Hubo otros tiempos:

de pisadas hondas,

de ojos sinceros,

de conversaciones honestas.  

 

MORIR SOBRE UNAS LÍNEAS

Morir sobre unas líneas significa:
No haber tenido un palacio de cristal.
Ver como sangran las flores de tu mal,
sobre el veneno que eso mitifica.

Nunca urdir guiños al llegar el cuervo
para atacar mientras aún respiras.
Pensar, ellos opinan que no miras.
Ocultar el dolor sobre tu verbo.

Morir sobre unas líneas significa:
Dejar plasmado ahí lo que has sentido.
Saber llorar aquello que no ha sido
en líneas que la mano versifica.

Crear los sueños sobre las tempestades
cuando arrasando pretenden destruir,
la hora cálida que amor va ha cubrir
sin infortunio, engaño y maldades.

Sentir que nada la ira santifica
por arrastrar tu vida por el lodo.
Estar pendiente de un verso a tu modo,
morir sobre unas líneas significa.

 

VOY A DORMIR

Ya no me llames
voy a dormir.
No ves...
mis ojos se van cerrando.
Dormiré sin pensar que ayer existía,
esa niña triste y loca,
esa que de repente despierta a la vida.

Sé que nunca más
volverán a mirar mis ojos,
con la claridad
de la inocencia querida, mas 
miraré sobre el pasado muerto.

Ya no me llames
voy a dormir.
Qué importa
la sonrisa clara y diáfana,
cuando es triste la mañana
que fondea ahora en el puerto;
cuando apenas quedan huellas
para seguir a un lucero.

Sé que nunca más
volveré a ser la que era,
la gacela confiada,
la paloma peregrina
mensajera del amor.

Ya no me llames
voy a dormir.

 

MI LOBO

Ya viene el día madre
la noche huye,
perdona que el lobo no aúlle
pasó la noche triste
velándome en el balcón.

Rasgó las nubes
mientras temblaban mis aguas,
viendo como el viento frío
arrastraba mis enaguas.
Mi ruborizada mirada
se tropezó con sus ojos.
Encontró gran comprensión.

No te turbe
el gran amor
que siento por ese lobo,
él respeta mi silencio
mientras mira con arrobo.
Mi celoso guardián,
compañero en mis desvelos,
a su lado ese silencio
ahuyenta pronto el dolor.

Juega conmigo cual niño,
sabe demostrar cariño.
¿Te das cuenta madre?
a veces, la vida ofrece
algún camino mejor.

 

 

QUÉ TRISTE ES DECIR ADIÓS

Qué triste es decir adiós
allá donde brilla el sol.
Dibujas una sonrisa
ablandada por caricias
que salen del corazón.

No te despiertas y ves
esos ojos negros que
quisieras recordar.
La garganta suspira,
la boca desesperada
un adiós va a pronunciar.

Escuchas el ronco viento
que el adiós
lleva en sus alas,
y tu dulce voz expira
con una daga en el alma.

Que triste el volar del fénix
cuando su sueño traspasa,
tu amor a mi corazón,
en pedazos va quedando:
tu nombre,
tu adiós,
mi alma.

 

 

CAMPANA (Versos para él)

Campana,
cuando te rompes
dentro del corazón,
apenas repicas.
Tienes miedo
de que llegue el aire
y te arrastre, campana
sin haber tocado
tu día de fiesta.

¿Qué prodigio
te indica la locura
de despertar la blancura
de lo humano?.
Una y otra vez
pretendes sobrepasar
el silencio
de mi compostura.

Háblame
sin romperte campana,
de la mano que escriba un regreso;
para que mi rostro
no se quede blanco,
como un papel
esperando su último verso. Roto.

Cuéntame
por qué:
todas las horas me hablan
en silencio muerto.
Quién sabe campana,
por qué mis labios
se quedan ardientes
esperando un beso.

 

 

PENETRAR EN LA INEXISTENCIA

Voy tratando de penetrar
a través de unos rayos de sol
herméticos, tan profundamente
cerrados que, dejan sucia la cara de la luna.

Leve es la vida,
que no puede penetrar
entre el muro de esos dos cuerpos.
Así, como un día triste, tan triste
como imposible,
el viento aleja su luz,
la nieve se desliza turbia
en su cita con el hombre;
sobre la tierra, asoma la inexistencia.

Todo penetra sin verse,
como mi verso
que ya no espera respuesta.

 

EVASIÓN


Me rompe dolorosa una partida,
no nace entre esos golpes un adiós,
me fluye entre la sangre de las venas
dolor, y aquí en la frente,
dos gotas de sudor.

La mano que alzo al aire
no su tiene pañuelo,
sujeta lívida un deseo de llorar,
conduce la luz,
y el tiempo como un rayo,
llevando la ausencia al más allá.

Grande esa ausencia
que todo lo separa,
grandes las horas
que barren el temor,
echadme tiempos 
que escondan los silencios,
echadme un día
que pueda parir el sol.

No perdono vivir ahí enterrada,
soy un volcán, y dentro
una tormenta;
despierta mi cuerpo de su cuna,
de nuevo exclama, 
se evade y se lamenta.


SIN ENTENDER

 

Estoy recordando que fuiste mi abrigo,

el calor asfixiante de un vagón de metro,

la llama que reptaba hasta abrasarme, y,

un deseo:

todo a cambio de nada.

Soñaba con permanecer adherida a tu peregrinar

constante, indeciso, al abismo que

asomaba del fondo de tus ojos,

al sonar de tu despedida fatídica

diciendo “hasta pronto”.

Recostada en la ventana procuro

olvidar, sin arrimarme

al mundo de las sombras.

Pretendo hacer cosas distintas

antes de salir de mi escenario.

Nadie escuchará mi voz,

aunque

no entiendo por qué

soy la roca silenciosa

que te atormenta.

Es cierto, debí ver visiones

en el fondo de tus ojos;

pero no te preocupes,

a las doce pasa

el camión de la basura.