REFLEXIONANDO

 

 

SIN MORIR LA PALABRA

 

Hoy tal vez

he aprendido a jugar,

a decir, arriesgarme,

incluso mentir

sobre cosas profundas;

aterrizar en un campo de fango,

y lamer cicatrices

luciendo lencería costosa,

mientras me apoyo en la balaustrada

como una buena actriz.

 

Aunque…

no soy una muñeca

cubierta de glamour;

me gusta la semántica,

la caricia de la noche,

las gotas de rocío sobre mi piel,

pasear a mi perro,

las dunas del desierto,

y la arena de la playa.

 

Quizá pliegue caprichosa

los manteles de hilo,

mientras dejo que rezume

una risa alegre,

y mastico sobre el asfalto

mi plegaria de amor.

 

 

ESTRAGOS DE LA AUSENCIA   

Y si no volvieras,

al menos se encontraron

los pliegues de mi carne

con la dulzura de tu boca.

 

Me quedo con todo lo preciso

para acercarte a la memoria

y permanezcas en mi alma indómita

hasta atravesar las venas.

 

Sentaré la cabeza: por caminos de luna,

entre los remos que guían mis pasos,

en el anochecer de mi carne,

en la melancolía que supone actuar

sobre escenarios sin luz.

 

El hastío ha practicado en busca de tu rastro

sin hallar la estrategia dominante,

un olvido imposible marcará su futuro.

Perece la ausencia entre versos extraviados.

 

Es amarga la verdad que se derrumba

como una grieta recién aparecida.

Truncada la sonrisa en espirales

apuñala sin enterarse lo que va dejando atrás,

acacias perfumadas por un sólo pensamiento:

liberar consuelo para sus vidrios rotos.

 

Ya nada calma la extraña locura,

sólo hace falta…cal para el olvido.  

 

 

 

POBRE IN-BÉCIL

(no ser imbécil, es deseable)  

Yo, sigo escribiendo

sin esperar beneplácito,

ni nombre. Sierva de mi misma,

corazón que ve triunfo en el futuro,

azul en los cielos,

auroras en la luz.

 

Me corono de amatistas huyendo de sombras,

porque es mi piedra de la suerte

y exhalo dulzuras que no recibo.

 

Camino, en armonía, por la creación,

incansable, fatigada

por el capricho mundano,

torbellino de palabras

lanzadas por el espejo

a verme reflejada en él.

 

Debo ir desprendiéndome

de esa juventud,

seguir el paso al ansia que me proyecta,

amanecer hacedora de sueños

pues soy mortal.

 

No pesa el amor que endureció mi red,

ni haber llegado a esto

con las tareas en licencia.

Escogí el momento de sentirme libre,

de alcanzar mi meta en solitario.

 

Ahora,

puedo hacer lo que me de la gana,

hasta cortarme el pelo a media noche;

tengo la boca llena de humanidad

y la distribuyo,

evitando despertar al personal a golpes.

 

Hay mil cosas para guardar en baúl imaginario

sin sentir cómo resbala el miedo.

Aún me retuerzo cuando mis yemas acarician,

creo en el amor, y, no me pesa.  

 

 

BORDELINE   (Ojos de agua)

En la penumbra, pasos que no producen ruido;

metáforas del tiempo al ir en busca del azul de ti.

 

Escucho como sube la escalera un acento que desconozco,

mientras la cabeza reposa en la campana dormida

y me desboco como un vendaval ausente.

 

Asoma el planeta verde, gimiendo hacia mi desembocadura,

sin que suenen clarines desde el fondo del corazón.

 

De súbito…

regresa el jazmín estrellándose en el pecho,

el sendero es tibio,

los ojos mar,

el olvido, muerte.

 

Silencio albino que hace gárgaras

con la melancolía, mientras

una mecedora acuna sueños violeta.

 

Me duele la cabeza…

trato de seguir con el costurero entre las manos.

Ya no habrá más despedidas.

 

EL MILAGRO (Ojos de agua)

 

Transcurre el álbum de la vida. Sobre mis piernas

pasan rostros, momentos arrastrados por el filo de la guadaña

sin prohijar reparos ni conformidad.

A ultranza, no consiguen desaparecer

en esta maraña atípica retenida en la imaginación.

 

Apostada en el borde, se despega la adolescencia

varando en playas sin mar, en espejos sin fondo,

con mueca de Diosa eremita sobre un tiempo que transcurre en vano,

Dulcinea entre harapos que pugna por salir a la intemperie

sitiada por bolsillos rotos y viñedos rancios.

 

Se prolongan amores lanzando turbios gemidos de espiga rota,

desaciertos que precisan tijeras para sobrevivir,

deseos roncos de lúbrica nostalgia con perfil traicionero de roca y agua

que exoneran el tiempo ocupado en redimir los días,

en adelgazar los sueños para que penetren.

Rostro de esfinge, mientras llamo en esta amalgama

a las puertas del molino donde quedó inerte una plegaria.

 

Desde el mismo borde veo atravesar lo que siento y me desvela:

el fantasma de un tiempo transcurrido,

sus ojeras malsanas, enfermizas,

su aliento agrio, con gozos sepultados en frío mármol

palpando eternidades que no llegaron.

 

Entre suspiros me incorporo sin dar traspiés

movida con la facilidad de un aspa.

El milagro puede ser:

la vuelta de una sonrisa de trigo dorado sobre mi dédalo.

 

Por campos de Castilla como veleta enterraré mi álbum de desventuras.

Dominaré la niebla silenciando el orco, luciré rojo y quedaré…

a la espera del solsticio.