MIXTURAS

SIGNOS  

(Poesía Española Contemporánea

Poéticas desde la postmodernidad)

Si cantan, es ti que cantas

Si choran, es ti que choras

I es o marmurio do río

I es a noite i es aurora

(Negra sombra)

 

 

Son ciudades vacías,

tiempo de no embarcar metáforas,

huir perseguidos por los dedos del aire

sin ver que es peor lo que puede acosarnos.

 

No ver a la bestia tras una luz opaca que no admite gestos, como las piedras: detenerse o continuar,

perseguir la estrella del triunfo y parar en su propio límite.

 

No es el signo quien nos acosa, son las calles, la propaganda,  cortinas cerradas a la realidad.

 

No te duelas si mañana no existimos.

 

Sin sombras y con malos humores queda la calle, mientras el hombre, peregrino siempre de lo absurdo, alborea en caminos sin construir.

 

No me repliques

que no te gustan las gardenias,

ni la flor del naranjo cuando perfuma.

Si miro a tus ojos los destellos no son inocentes.

 

Casi intocable asoma la juventud por las mañanas, ¿entonces? hoy es distinto, no rodará otra vida ensangrentada, la imagen de la primavera: nacerá verde.

 

Quebrada la mano quiere taparse los ojos, y el pie, desnudo, andar sobre sonrisas que vuelen alto.

 

 

CONDENADO (Junio 2004)  

(Ojos de Agua)

 

 

Este laberinto es mío; no me gusta el poder de guerra y paz en los encuentros. Yo vi escrito en las piedras como el amor tendría que morir.

Andaba de puntillas por tu lúgubre cueva, antes de llegar mi llanto hasta la cumbre.

Si volviera a nacer

calzaría las hojas de mi lecho

con un manto

de trigo y de naranjas.

 

Abatida por un calor dolorosamente azul, describía la ternura con letras mayúsculas,

mas...

vulgar e indescifrable

dejaste la cosecha a pleno sol.

Quedas condenado a vivir, a pensarme, a saber que existo.

Mis miedos y mis pasiones me pertenecen.

Pasarán los años, y convertida en diosa de nácar, seguirán mis domingos sin ceremonias; fetichistas sólo del límite seguro, en esta isla blanca donde nadie me dice cuándo debo estar al acecho, ni arrastrarme, ni rodar lejos...

Siempre ausente de ti,

siempre condenado.

BLANCO Y VERDE

(¿A qué mesa invitaremos a los sueños?)

 

 

 

¿Cómo puedo elogiarte con modestia

cuando tú eres de mí la mejor parte?

W. Shakespeare

 

 

Porque estamos hechos de camino, y a veces nos permitimos el lujo de soñar, veo ante mí cómo han pasado los tiempos de luchas y te quieros para dar paso a una quietud sosegada.

 

La sonrisa de blanco y verde queda sostenida por la fuerza del cariño, esa fuerza que puede con todo y camina entre tinieblas al amanecer, sin necesitar nada para abrirse.

 

Ojo de huracán, río de hielo, conjuro a la memoria para que no te olvide y desnuda de nostalgias, te recibo.

 

Mientras pinto mis uñas de un nacarado alegre, pienso que mañana será tristeza, pero me hago mujer, sentimiento y soplido, orgullo y sexo, que levanta su castillo de arena hasta tus brazos.

 

Me queda el tiempo de esperar un umbral dorado, porque sabes cómo soy, y así me quedo.

 

 

 

 

COLORES  (Ojos de Agua)

(a mi madre)

 

¡Tienes que vestirte siempre de blanco¡: hace más joven.

 

Recordaba muchas veces ese mandato, su afán intransigente, su forma de pensar: “aquí se hace lo que yo mando”, y sus labios sonreían inconscientemente.

 

Moría poco a poco, como pasa siempre, apenas sin darnos cuenta, pero con aquella gracia característica: un empeño en desterrar el resto de los colores del Arco Iris.

 

Casi de niña

adoraba el verde,

hermosura de muchacha

sin problemas;

 

sin embargo, la ceremonia de su vida era un eufemismo razonable del rojo al gris.

 

La penas suelen venir de afuera, camufladas entre amarillos diversos.

No era supersticiosa, trató de darle gusto siempre, aunque de cualquier forma le afectaba la traslación de los colores.

 

Quería el azul, un azul pintado de auroras, de ciudades que lleven su nombre, de los indispensables errores de la naturaleza. 

Pero, cómo te llamará cuándo el recuerdo se pinte de negro, cuando la estrategia del blanco es hacerlo todo translúcido.

 

 

 

 

 

CON TODA LA VIDA A CUESTAS

   Y me dirán loca,

    rebelde...

 (Diciembre 2004) 

(Ojos de Agua)

 

Nacer, crecer, morir.

Ir acatando

aquello que acontece.

 

Al enfrentarse a esta empresa, asumimos todo lo que pueda llegar, - ¿conformes?, ¿resignadas? -. Hijas, esposas, madres... olvidando el propio yo por el camino.

 

Todas tenemos algo en común: el derecho a habitar el mundo dignamente. Ustedes no saben cómo la carne nace programada.

 

Tienes que ser una señorita .

Tienes que estudiar, trabajar, limpiar, guisar, lavar, planchar, aguantar.

Tienes que parir, sonreír, no dormir, para que los demás puedan hacerlo.

Tienes que cambiar pañales, calentar el biberón, hacer el amor cuando te lo pidan o te lo exijan.

(... ahora vuelvo, mientras arreglas las cosas voy al bar, o a dar una vuelta).

 

Posiblemente, terminen por hacerte compartir tu vida con un alcohólico, o un ser agresivo, mas... tranquila, “te quiere”, te quiere tanto que hasta podría matarte por amor.

 

A cualquier hora del día,

cuando una tristeza cósmica

te pudre la presencia,

la vida te da una dentellada.

 

No has de estar nunca cansada, aunque el llanto gotee por el césped de tu cuerpo.

 

El camino va más allá de tus brazos, en el momento en que luchas por la carne de tu carne y no te pierdes. Quizás mañana verás que tus hijos te necesitan y darás más, más, más.

 

La jaula se llena de sonrisas gastadas, de momentos consumados en un instante.

 

No es nadie, es sólo silencio.

No es nadie, es sólo una espalda.

No es nadie, es sólo la luna rota que pretendía vivir.

 

Sin gran habilidad, ocultas tus dolores en la arena, estrujas lo que resta de corazón para volver a ponerlo sobre el mantel.

 

Al final, cuando vas a emprender la huída hacia un tiempo ingrávido, el sentimiento es una sombra,

viento,

fuego,

agua.

 

Y allí, sentada, contemplando un café que ya se enfría, mientras se destroza la fina capa que te envuelve, mueres, con toda la vida a cuestas.

 

 

 

 

 

 

 

HABLEMOS 

 

 

(¿A qué mesa invitaremos a los sueños?)

 

Hablaré con él

de los tiempos que pasó dormido

sin reconocer

cómo se colma de prisas el estómago

para vomitar impulsos.

A la luz de la conciencia vigilante

hablar, sin la identidad

confusa del teléfono.

 

Así huirán las musas,

aquellas que nos alejaron cuando pasaban,

mientras la sangre seca trataba de escribir versos.

 

 

Sí.

He estado esperando para hablarte en este crepúsculo que amenaza tormenta y mis manos se han quedado mustias en el propio límite de un suspiro.

Al otro lado de la boca mueren los sonidos, sólo quedan pretextos que pueden eliminar un fluido de reflexiones.

Somos marionetas de la vida, bufones manejados por hilos invisibles.

Sin embargo, mira: hoy que hago de mi boca fortaleza y mazmorra, hablemos.

 

 

 

No.

Porque en mi interior encuentro la fuerza de una paisaje ingrávido.

En ningún momento he hablado tanto con el silencio, ni me ha hecho más feliz bailar en soledad.

Acumulé tus cartas para destruirlas, y los mapas, y los nombres de las calles; sólo guardo el olor del mar en mi epidermis, y el azul de ti en la antesala más húmeda del universo.

 

A pesar de todo, cruzaré tu palabra con mi hechizo de mujer, y al terminar, descalza y desnuda, caminaré por el jardín de las alondras, pacíficamente, olvidando el llanto que se rebeló.

 

 

 

 

CADENA PERPETUA

(¿A qué mesa invitaremos a los sueños?)

 

 

 

 

Presiento que nada ya es lo mismo. No encuentra placer alguno en sobrevivir a lo que le rodea.

 

Todo está en su sitio.

Todo colocado,

casi perfecto.

¿Qué pinto aquí?

 

He andado muchos caminos -¿quién decía eso?: ah, sí, Antonio Machado-. ¿Pero él cayó y se levantó tantas veces? Hoy las rodillas no le sujetan, no cree en el amor, ni en el ser humano, pero... todo está colocado.

 

Pensó batirse en duelo con la vida ¿y para qué? ella ha vivido más, y mirando a sus ojos indica: te venceré. (Me río, qué sabrá ella).

 

Como África, la gran olvidada, piensa: quizás en un descuido me pille, las cataratas de la vista no son permisivas.

 

No penséis que soy bueno y no miento, o que soy malo y engaño.

Soy...

todo lo contrario.

 

Cuánta ingenuidad sin perfume, cuántos besos malvados y caricias negras. Extrañaba lo que impediría amar, siendo persona.

 

La verdad es que amó profundamente: qué contradicción, ésto fue por el camino del olvido.

 

Desde esa galería de la muerte, donde la luz no alcanza sus mañanas, me cuenta: no penséis que escribo por desahogarme, ni por llegar al corazón; sólo fuerzo situaciones inalcanzables, y os ruego que olvidéis estas líneas. Todo está colocado.

 

Es evidente, cada día se pierde más entre palabras sin contorno, ni laureles: divagaciones que crean un muro entre tú y yo,

entre yo y el resto,

entre el resto y la realidad.

 

No sé si sobrevivirá a esta vida ansiosa, sin pasear sus dedos por mi escote, en un devenir de insinuaciones interrumpidas.

Sigue en cadena perpetua, y no sabe nada. Ni sabe, ni piensa: sólo ve acercarse a las palomas, en su vuelo reducido por barrotes.

 

EL ARTE DE AMAR

Duodécima edición "Nueva poesía Hispanoamericana" y

 ¿A qué mesa invitaremos a los sueños?

 

 (A Fernando, mi hijo)

 

Sin querer, estaba ocultándose de nuevo en la edad de la inocencia. Sólo quería guardar la sangre de sus pétalos, en algún libro que no tuviese costuras.

 

Las notas del “Vals del Emperador” se alejaban haciendo daño en sus oídos. Era más poderoso el tono azul de los recuerdos, que el recuerdo en si de aquellos ojos que le dieron luz.

 

Amando sin amar toda la vida, hizo de este oficio un arte. Lo necesitaba como un salario injusto para sobrevivir.

 

Al llegar la última ola del falso oropel, sus brazos se extendían como si el mañana no fuese a clarear. ¿Qué importancia puede tener ese momento si no estás?

 

Y soy yo quien le da cobijo,

quien le enseña amor

sin querer objetos;

quien mira al fondo de sus ojos

con pícaro guiño y sigue

porque esa mirada:

necesita hallar su norte.

 

La tristeza pugna por salir de su ensaladera, pensando: “el mundo moderno no tiene sentimientos”. -Hay una habitación provocadora de sueños, una sonrisa sin cámara, una carne de mi carne en el tiempo-. A la caída del sol baila sin velos, diciendo adiós al frescor de la presencia.

 

De mi vida a tu niñez hubo un triunfo, mientras, los días caminaban hacia su entierro: sin sermones, sin altares, creyentes que perdían su fe para enseñarte a amar.

 

Pesa poco la vanidad

y la juventud es melodía.

¡Escúchala!

 

NO ERA TODO AMOR

Antología "Versos Pintados del Café Gijón

 

Nunca podré, con ayuda del verso,

hacer un poema de mis aflicciones. 

No quise decirte que se nos muere, -pensé que lo verías-, cuando el disimulo de la piel iba vistiendo los momentos de gris. 

Mi deseo es descansar entre flores, morir entre flores, a la llegada de Mayo, en la despedida al Minotauro, y que no se repita el eco del jilguero errante. No, no es ese eco el que habrá de enterrar la vieja palabra, -miel de agua que circula cuerpo arriba-, ni el Unicornio que escapa de tus ojos. 

 

Cuando el sapo que canta y no canta

revolotee inquieto por su amanecer,

acunando un sol en libertad

palmeará la luna de mis ojos,

lloverán miles de musas,

amores que pierden su piel

en vivencias que lo vacían.

 

La primera vez que tomé conciencia de ti tuvo demora, fuiste el fino polvo que estropearía la cosecha sin ademanes. 

-Si el amor es todo,

no es necesario reeducar a la existencia-

Veo el signo marcado por la condensación de los aires, la mano filosófica que pretende dirigirme; 

                               pongo en marcha mi alambique

                               para probar que el chorro es adecuado. 

Qué poco puedo contarte ya: nuestra historia atípica se llenó de máscaras, de barreras sin atravesar, de trozos de cartas que no obtuvieron respuesta. 

 Demasiados años paralizaron nuestro paso, y, seguramente, si nos cruzáramos por la calle, entre bostezo y bostezo, no nos reconoceríamos. 

Es necesario evolucionar, volver de la vida secreta y silenciosa para acallar las fantasías desde dentro, y que nos queden las huellas tranquilamente.

 

Esconderé los versos en cualquier cuarto

y apagaré  la luz con desgana.

Ya te dije adiós en su momento.

 

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