ERÓTICA

TE AMARÍA (Versos para él)

Si estuvieras entre mis sábanas,
te amaría.
Rozando tu cara
con mi cabello rojo.
Te amaría.
Acariciando tu espalda
con mis dedos corvos.
Te amaría.
Mordiendo tu pecho
con mis dientes sordos.
Te amaría.
Pero no estás.

 

NO SÉ SI SABES  (Versos para él)

No sé si sabes,
como se enciende
mi vergüenza si me besas;
como me alzo
del borde del abismo
si me rozas.

No sé si sabes
como deseo
hundirme entre tus sábanas,
mientras cabalgas
mi cuerpo a la intemperie.

Hay tantas cosas
que no te digo,
que me callo por vergüenza
y por respeto,
que me oculto sin pretensiones
tan sólo por verte sonreír.

¡Ay, amigo! No sé si sabes.

 

CARICIAS MARCADAS   (Versos para él)

Has marcado con tu caricia de estrellas,

un camino caliente de recuerdos,

mi cuerpo te habita

y mi cerebro,

grita sin la potencia de tus besos.

 

Puede parirse

un día oscuro y triste,

pero aún mi lluvia

barrerá tu vientre,

calmará tu ardor,

saciando las tinieblas

entre la olla

y el abrigo donde tiemblas.

 

Desvestiré mi cuerpo para el baño,

donde florece

la noche en el umbral.

Donde el silencio

no es llanto.

Donde no duela

el querer regresando,

tu cuerpo entero

a la blancura de mi cama.  

 

MI PIEL (Versos para él)

 

Llueves entre mis senos,

mientras resbala

mi cuerpo por tus brazos.

Madura me deshojo en busca

de esa boca

que quiero profanar

con mis ardores.

 

Ríes mientras muerdo

tu hombro dulcemente,

tratando de llegar

a la cálida vela

que se alza

al sonido de mis gemidos.

 

Bajo la piel va quedando

el sabor de tu urgente exigencia,

y sólo…

puedo caer en tu recuerdo interminable,

muda y exhausta,

después…

la memoria de mi piel

es quien te llama.

 

DIOSAS (Ojos de agua)

Aquí estoy,

desnuda,

sobre las sábanas solitarias

de esta cama donde te deseo.

Gioconda Belli

 

Imagina…

Un cuerpo dorado resbalando entre cuerpos,

deseos de un día sin lazos ni conexiones

surgidos de la nada para idolatrarte.

 

No preguntes:

por esa mano suave que acaricia tu piel

a través del hemisferio sublime y pagano;

por esos dientes imprevisibles

capaces de morder tu carne luminosa.

 

No habrá lugar donde la compasión sea torpe.

 

Resurgen las Diosas de entre lo umbrío

y envainan el olvido en sus pisadas;

la senda eres tú, y, no hay dilación aconsejable.

 

Tanto llanto malgastado en alargar el brazal

compone un regreso mientras la luna brilla.

 

Labios y manos,

como un brebaje, recorren tu geografía,

deleitándose en apagar tu sed.

 

Arcilla lírica que te moldea en calidez.

 

Sólo existe una forma de ver la realidad:

has de reconocer que somos Diosas,

guerrilleras de los sueños insensibles.

 

Dicen que se oyen nuestras voces, allá,
lejanas, más allá de lo remoto.