ELEGÍAS

 

MI PROPIA ELEGÍA (La niña y el mar)

 

Cuando esté muerta

ahí en mi cama,

- quién sabe –

es posible

que alguien comente:

“Escribía poesías”.

“Siempre estuvo sola”.

-No es del todo cierto-.

 

Viví acompañada

por mil despertares,

algún gran amor

y mucha fantasía.

Escalé los bordes

de las primaveras,

amando la mar

y mirando al cielo.

 

No podrán decir,

aunque mi voz se pierda,

que no quise ser salvada,

cuando el llanto me llegaba

por algún camino adverso.

Llegaré a estar muerta;

sin embargo,

el reverso de mi vida,

habrá sido

hacer un verso.  

 

DE UN AMOR  

 

¿Por qué amor fuiste tan ciego  

a tu paso por su lado?  

sonriendo te marchaste,  

ni un sentimiento has dejado.    

 

¡Ay amor! ¿por qué lograste?  

que muriera una ilusión,  

su morir, fue sin razón.    

 

¿Te acuerdas? que extraño amor  

no miraros a los ojos, no besaros en la boca,  

ni saber lo que es perdón.    

 

¿Por qué amor de tiernos años  

hoy viviendo en desengaños  

no comprendes el dolor?.

 

¡Ay amor! De cruel otoño  

rojo color de madroño  

que triste llegas a ser.  

 

 ¡No olvides! Llegaste blanco de nieve  

y marchaste ensangrentado,  

como una eterna saeta  

a un dios que ha sido olvidado.        

 

DE UNOS POEMAS  

 

Puede que cuando haya muerto,  

tu recuerdes esos días,  

en que te escribía versos  

mostrándote el alma mía.  

  

Quizá, también al escucharlos,  

si ya dan la vuelta al mundo  

o quizá, en el olvido  

de sentimientos profundos.  

 

 Aunque,  sólo tu y yo sabemos  

lo que ignoran los demás,  

pasaron cerca de ti  

sin conseguirte rozar.  

 

Te quedas ahí, en la lejanía,  

puede que amando a otra,  

pero has de saber que sin ti 

no vivo, y aunque me duela, 

aún te extraño amigo.  

 

 Hoy me resulta curioso  

tenerlo que decir;

 ya me cansé de hablar sola,  

sabiendo que estás ahí.    

 

Mas...  no puedo decirte adiós  

quisiera besar tu boca,  

te seguiré soñando,  

y tal vez... me vuelva loca.      

 

 

DE UNA TARDE TRISTE

 

 

¿Has visto? que triste se ha puesto la tarde 

de pronto, se sintió enferma  

¿por qué dijiste aquello  

y me inundaste de pena?  

 

 Tu sabías que nunca quise llorar,  

pero me sentía mal,  

era tu dolor el mío  

y ese corazón bravío,  

no lo quiso averiguar.  

 

Llovía tras los cristales  

cuando la tarde cambió,  

en silencio el corazón  

soñaba volar a tu lado,  

pero te encontró nublado  

como la tarde de invierno,  

o extraños en un infierno  

que no comparten su mal.    

 

¡Qué pena! sentirse triste 

una tarde por un fuego que no arde,

que aquél silencio apagó .

 

 

ELEGÍA DE UN SUEÑO

Algún día sabrás
por qué ayer existí.
Lo sabrás porque el viento
quizá te hable de mi.
Lo sabrás pues dirá
que ayer luché por verte,
mas perdí la batalla
en un momento inerte.


Ese día oirás
que quizá llegué tarde,
tu corazón y el mío
no pudieron hablarse.
Pero soñé contigo;
soñé tu mirada,
sabiendo tristemente
que la puerta cerrabas.


Tuve un sueño en tus brazos
mas, desperté llorando,
siempre supe era un sueño
de despertar amargo.
Soñar inútilmente...
igual todos los días,
dándote en los sueños
lo mejor de mi vida.


Así, al saber que
tan sólo era sueño,
me despido de ti
como un pobre mendigo.
después abro los ojos
con tierna rebeldía,
pero el viento me recuerda
que no sueñe contigo.