DESAMOR

 

 

 

AUSENCIAS INCORREGIBLES  (Ojos de agua)

 

Como mujer,
transporto en mi interior
una cortesana alegre y llena de vacíos;
ausencias imaginables, desaparecidas, sin nombre.

Cada vez que asoma el verbo amar,
dejo que se funda entre el humo de mis cigarrillos.
- Es más agradable el sabor del tabaco, que la mentira -

No existe nada para el recuerdo que sea sensato,
ni colores, ni posibilidad de encontrarlos.
Hay sorbos de ausencia en espacios sin luz.

Quizás necesite saber de lo inexorable de las fantasías;
de los lugares obligados donde hablar con los espectros,
gritarles: que no creo en el famoso dogma de la tregua.
Echo una mirada a mi playa y ella lo confirma. Se desvanece.

No puedo hacer cosa alguna para conducir la ausencia a su sitio,
sólo volver, izarme en el ascensor del mundo y cerrar la puerta.

 

 

VESTIDO QUEBRADO

Entre un tropezón y una palabra  

puede descansar un verso

  ¿Por qué saben los días a incienso,

a fruta sin exprimir y descompuesta?

No es grato el tono que pinta de ausencias

donde quiera que el ocaso presume.

 

Cuando el desamor acompaña los pasos

llega un duermevela a lo imposible,

un turbio gesto al rezo,

una piedra fundamental a la amnesia.

 

La fatalidad se reviste de duda y artificio,

imagen insomne para cruzar por el pecho.

La melancolía se lanza con sombrero de campana.

Adiós dice el eco que presiona sin vocales.

Sonámbula sigo, jamás otro traje resultó tan terrible.

 

¿Y el amor es eso, un vestido que rompe y que apresa,

una calle que no mira frente a frente,

un hilar por un camino que no llega a ningún sitio?

 

¿De dónde saldrá un disfraz dibujado y perfecto

que el paso de las horas no desgaste?

Sólo abismos, rompientes quebradas en enjambre de avispas,

causas de dolor al filo de la histeria.

 

 

DESDE CUALQUIER RINCÓN

    

Llegan en fragmentos pequeños,

envueltos en papel de ayer

y quieren:

-quizá una absurda pretensión-

acercarse a mi vida,

a mi pecho,

al corazón directamente.

 

Y tú, y tú, y tú …

me decís que soy preciosa,

desde mi cuerpo vestido de olvido.

 

Pongamos que eres tú,

quien se da cuenta

de que no soy sólo mujer.

¿Te darás cuenta quizá

como tiembla mi cuerpo?

 

Estoy de acuerdo.

Un regalo, es

siempre un regalo;

como el nacimiento de las palmeras

en el desierto,

como el devenir de la fantasía

a través de nuestra vida,

como la impotencia

ante el dolor.

 

¿Te darás cuenta, como la sal

y el sudor de mis entrañas

no es la muerte que te arrastra?

 

Me gusta soñar,

 dejar que la mar me ciña la cintura,

mientras me abandono en su resaca,

y quiero que el crepúsculo,

comience a apoderarse de mis pasos.

 

TUS SONIDOS

 

No lloraré esta noche,

mientras la guitarra

y tus sonidos

vuelan por los aires,

no soy capaz.

 

Llega el trance,

el apogeo, el nirvana,

¡las lágrimas están negadas

en este lado de la vida!

 

Suena el teléfono, “diga…”

        -  María, María –

 

No llega tu eco a la luz del farol,

es  el nacimiento que vuelve

cargado de romances;

en las manos nacen flores

mientras mueren

notas de dolor.

 

UN PEDAZO DE ALGO

 

Amanece con tonos violeta sobre la fiesta de mi estío.

No hay holocausto capaz de arrastrarme

a lo negro escondido tras el ocaso de los Dioses;

escapo etérea por la ventana abierta con prudencia

en pos de la palabra verdadera.

 

Quedan huesos calcinados en días de fuego y llamas,

deseos vencidos en su camino hacia la Aurora Boreal,

falsos devaneos imposibles de comprender

alejados de la conciencia de los tiempos.

 

Ahora el amor es libre,

sólo toma y da lo que necesita

sin hacer cábalas de oficio,

sin dependencia de filtros inanimados.

 

Abierto este momento de tentación,

canalizo la voluntad engendrada en deseos de vivir.

 

Un pedazo de paz para la boca

y una sonrisa franca para los ojos;

azules río abajo

unidos al amor primitivo,

imposible,

aún así real,

y me coso la boca

para no decir “te amo”

ensartando mil mentires

que oculten esta tristeza…

 

MIEL DE CÍTRICOS

 

Te quiero y no te lo digo: ¿para qué?

Ha alboreado con niebla,

no veo más allá del último velatorio de te quieros.

Continúa la lucha por vestirte de azul

mientras llega a bocajarro mi oído de lectora.

Medito. Permanezco silente,

sólo noches de lágrimas impregnan la piel,

-miel de cítricos-

ni siquiera las advierte el alba

confundidas entre gotas de rocío.

 

Son: estrofas escritas con forzada disciplina.

 

¡Ay, si pudiera

silabear a las puertas del insomnio,

hacer huracán de un leve silbo

devorando el silencio que se acerca,

las formas grotescas que de repente atacan!

 

Atrapada de pies y manos: callo.

 

ALEGATO DE BIENVENIDA

 

Ahora, mezclando borracheras con diablos

es la bienvenida lo que llega.

Imaginas ser el dueño de mis tacones, y…

el vientre levanta sus velos en danza sensual

sin enviarte a la esquina clausurada.

 

Detalles insignificantes que van

subiendo de tono (aunque no lo veas)

al recibirte con ansia,

al dejar resbalar barro en ebullición

a través de tus manos.

 

Una extraña insipidez

pasa a desceñir el sueño,

cabalga mientras libamos

entre deseos de mudo mármol,

que galopan sobre el éxtasis

sin coloquios, ardores, ni hambre.

 

Mi geografía te reconoce,

mi voz huye el pronunciarte,

sólo se contraen las venas

al ver partir tu batel.

 

Qué lenguaje tan extraño

para decir te quiero.

Qué manera tan poco influyente

en la escapada a priori.

Quizá debiera persuadirme

de que el cerebro es traicionero,

él ve ahogarse los pulmones

entre sábanas oxidadas.

Puede que…

     - tal día hizo un año sea la medida exacta  -