CÓMPLICES DE LA PALABRA

 

 

CÓMPLICES

 

Me sumerjo en mi última sonrisa.

Soy agua.

Sol.

Nube.

Quedo suspendida,

buscando el duende de mi forma,

el diálogo errante que duerme.

 

Trato de justificar mi sacrificio.

En todas partes

reconquisto amor y lágrimas.

Sólo cómplices

de colores opacos,

de bolsillos desgastados,

de sueños incumplidos.

 

La noche se vuelve ojos,

cómplices que roban mi presencia,

mi torpe caminar.

Frívolamente vuelvo a captar mi sonrisa.

Seré pies.

Cabeza.

Mundo.

 

 

DESORDENADO AMOR 

No pienses que por quererte
mañana seré tu esclava,
desordenado amor
entre paisajes vespertinos.
Hay un gran mensaje
en mi hondo respirar:
apenas se vislumbra si hubo
un grito desolado.

Sólo quedan
deformes rumores,
en aquel manantial
de la mágica doncella.
Hay polvo que gusta
de transcurrir río abajo,
al borde de la vida.

Ni siquiera se percibe
la manera de romperse
de pronto lo interminable.
Se desordena la noche
sobre el vientre de las sombras,
llegando a intoxicar para siempre
aquel abismo.  

 

BAJO MIS PIES

Hoy no sé si amanecerá,
mi yo está navegando
en la nostalgia de los días.
Cambio de posición la mirada
escudriñando la magnética
silueta del ayer y,
se malogra rebelde el alba.

¿Qué importa si queda
el pasado reducido a cenizas?
Todo está en calma bajo mis pies.

Me alzo endurecida
de lo más remoto,
para vestir de amante caricia
todo mi ser.

El mejor día...
será cada instante

bajo mis pies.

 

VAE VICTIS

 

Dando traspiés entre excrementos
llega el camino decadente y furtivo,
desposeído de franjas de ternura
ante la fuerza inexorable de lo insano.

¡Ay de los vencidos!
Guardianes de la puerta equivocada
en tanto hablan con la fe de su agonía.
No transita su sangre por el cuerpo,
sus débiles brazos no abrazan, temen.

Quizás haya olvidado cómo pasó:
la dulzura de mi boca hacia el exilio,
ni cómo vino la fuerza a refugiarse
en la mochila de mi encorvaba espalda.
Sólo recuerdo que la hojarasca se hizo logro,
rociándome el agua de una lluvia
que en ninguna ocasión volvió caer.
 

 

 

LA SÉPTIMA NOCHE 

No tranquiliza el sonido de campanas
si tañen en busca de destrucción;
suenan a Celestina carente de prejuicios.

¿Dónde se esconde la primera noche?
¿Dónde el calor depositado?

Liviana la siguiente
como una señal del firmamento
va profanando el amor sin presencia.
Cada paso, encierra lo que llega
filtrado por el cristal.

La mitad de la lumbre se torna hielo
y aquellos muslos proclaman soledad.

Despacio la luna se acerca - se aleja -
no hay tiempo para alcanzar la séptima,
ni tampoco el descanso.

Sólo quedan los flexibles
que beben su vinagre entre tinieblas.

 

PRINCIPIOS  

Tras la vidriera de mis reflexiones

asoman los escombros hacinados,

torpes siluetas sin luz propia

que sucumben ante mi

después de un solaz trasiego

para no caer ante el sangrante velatorio

sin buscar alivios,

esquinas lumínicas,

fragmentos de otra ocasión.

 

Voy con pasos de gaviota y araño,

en mis bolsillos, migajas de sensibilidad.

Apenas se oyen rezos sobre la débil carpa.

 

Hoy podría ganar el choque

con la inspiración muerta,

con nacarado papiro,

con amor insulso.

   -  no es lo mismo amanecer inerte, que…

            acariciar cada fragmento

                    del día que nace -

 

Siento cómo galopa el mundo a través de mis ojos

muriendo el último vals que bailé para ti.

Sólo quedan reflejos extraños,

párpados sin sombra.

 

Al desvanecerse las cataratas sensibles,

se desposa la textura de mis manos

con los remos del fatal barquero.

Han saltado por fin del batel

mis apegos a decirte amores,

los ciclos que me rodeaban

sin medida,

sin tiempo,

sin voluntad.