VIENTOS PARA EL PUEBLO

Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España
(M. Hernández)

Dedicado a Josefina y Miguel

No entiendes nada de amor, nada.

Eres viento y voz que asoma

cuando apenas ya no existo.

 

En ese mismo instante

algo recorre mis venas,

me levanta para ti.

No estoy sola ¿escuchas?

allí donde estaba tu imagen

continúa la luz encendida.

 

Llegó el viento antes que la muerte,

mientras el pueblo se alzaba con la aurora.

Hoy, al corro juegan los alambres

con las palomas que adornan tu capilla.

 

Me doy cuenta de que protesto

por la humedad de mis ojos,

y me arrojo al mar para que tu canto

me clave los dientes sin cordura.  

 

 

EN  RECUERDO A D. MIGUEL DE UNAMUNO

 

Me sugiero una imagen al soñar,

sin apenas evocar nada

y surge,

de la fantasía inagotable

de esta pluma

tras una noche de insomnio.

 

No eres sino un eco en tu niebla,

una azorosa imagen que se diluye.

 

Me gusta ir al azar

detrás de tus palabras,

prestar mi alma para tus canciones,

sucumbir antes de tiempo

para encontrarte-

      - calla -

        ¿No ves que te comprendo?

también tengo  enmarañada la mente.

 

Estabas en lo cierto;

no a todos los hombres

les cae el don,

pero a ti sí,

eras inmenso.

 

     -  Sí, la vida es compleja

y yo estoy loca,

pero...

        no se lo digas a nadie -

 

 
CARTA A ALFONSINA

Alfonsina.
Te imagino junto a mí,
compartiendo la placidez de tu lago.
Como comprendo el dolor de tu rostro,
tu dormir intranquilo
frente a las aguas "Del Plata".

Tan sensitiva mujer,
cuya vida era un desierto,
ahogaste tus aguas mansas
menguando hasta morir.

En algún momento:
Te equivocaste.
Sí renace lo que muere
tú, estás entre nosotros,
como una florecilla
que aún tronchada por el viento,
vuelve convertida en rosa.

Sospechamos que al amar
el veneno ha de rozarnos,
pero bebemos sin tino,
cuando el corazón vencido
apenas puede rodar.

Me reflejo conmovida en tu espejo
a la llegada del silencio,
mientras la muerte del olvido
renace sobre los versos.

 

LA NIEBLA
(Dedicado al Guitarrista que fue Luis Landero)

¿En qué verso te has dormido,
mientras el día amenaza con llegar?.
¿En que verso desmarcas tu huída,
dejando dolor urdiéndose 
a lo lejos?.

Yo voy con tu fantasma
cabalgando en mis andares,
por un camino corto,
insoluble,
soñador.

De cuando en cuando
me sales al encuentro,
entonces te despiertas
mas, sin decir palabra.

Neblina insinuada que
en verso se lamenta,
apurando el alba
e ignora los sonidos
vacíos de voz;
eres el claroscuro
repiquetear de mis recuerdos,
de su andar,
de su perfil cansado,
del tiempo que hoy se aleja,
del verso que vivió.

 

A LORCA 

¡Oh ciudad de los gitanos, 
que copla a copla desgranas 
los versos de Federico 
y envolantas tus montañas!. 

Cuevas que ocultan los llantos 
de tus morunas guitarras, 
mientras tus fuentes de besos 
tornan el aire en navajas. 

Un viento verde en tus ramas 
suena a llanto de gitanas, 
y los caballos el trote 
esconden entre sus patas. 

Carne y lucero de plata 
destrozado en mal momento, 
nunca tu voz olvidada 
logrará morir al tiempo. 

Mi corazón cascabel, 
en tinieblas se ocultaba, 
mientras aquel viento helado 
cubrió de oscuro Granada. 

 

A CARLOS CANO 
 

Tu música era oración, 
plegaria por los caminos, 
fuente ancha  
de anchos limbos, 
donde todos te soñaban 
escuchando una canción. 

Dios te lleva entre aguijones. 
Queda Granada desnuda. 
Ella ya sabe sufrir 
en tinieblas, 
sin reproches, 
la pérdida de los hijos 
que ensalzaron sus renglones. 

Quién sabe 
si el palpitante 
rumor de tu voz se oirá, 
allá donde está la gloria 
cuando la vida se va. 
Tantos recuerdos nos dejas, 
que estarás a nuestro lado 
cada día, cada instante, 
por los caminos que quedan.

 A GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

A LUIS CERNUDA

 
Si mis ojos se cierran es para hallarte en sueños.
   Luis Cernuda


Sola,
en lo solitario de la compañía,
me siento una esclava
de cualquier placer prohibido.
Me envuelve
la misma timidez,
que escapaba
del ruido de tu pluma.

Habita fiel mi olvido.
Su vestido oscuro
entre rumores
de -te quieros -
dichos ante la muerte;
ante el ruido 
que hacían los cuerpos al amarse.
Ahora son la bruma
de aquella hora inacabada,
perseguida.

No me digas Luis que no caminas,
a los cien años 
envuelto entre suave tristeza.
Sobre tus brazos,
como aurora transparente
apoyo solitaria:
mi cabeza,
mi vida.