Tal vez esta Antología sea una de las cosas que he realizado con más ilusión a lo largo de mi camino poético.
El libro va acompañado de un CD, en el que José Domingo Castaño recita, de una forma que llega directamente al corazón, los poemas de José Ángel Buesa.
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Conocía
"Pasarás por mi vida..." hace mucho tiempo. Nunca supe de quién
era, hasta que Rafael Herrero Mingorance me descubrió que detrás
de aquella maravilla de ternura estaba un poeta cubano llamado José Ángel
Buesa.
Fue hace ya bastantes años. Desde entonces, mi único objetivo fue buscar a Buesa por mercadillos y librerías. Unos amigos de Miami encontraron una antología hermosísima y entre eso y la edición humilde y primeriza que conseguí en España, he llegado a tener, desperdigados y desordenados, los mejores poemas de mi poeta favorito. Empecé a recitarlos por la radio y nació una locura de comunicación interna y continua entre mis oyentes y yo, cautivados ambos por la magia sentimental de Buesa. Había en su cadencia, en su descarnado romanticismo, un atractivo único para quienes creemos que el amor está por encima de casi todo. Luego, con el paso del tiempo, fui avanzando en mi conocimiento de Buesa y, con la colaboración de Fernando Salaverri, reuní en un disco los mejores poemas, recitándolos a mi manera, con música original. Se vendieron todos y desaparecieron de la compañía que los editó, provocó el cierre el mercado. Ahora, Pablo Valladolid y Victoria Pereira "Lía",
realizan la recopilación
poética de Buesa, para su edición en todo el mundo. Y me
alegro. Va a ser un éxito tremendo. Todas aquellas personas que
llamaban a la radio preguntando dónde podrán encontrar un
libro de poemas de este cubano irrepetible, tendrán esta antología
de EDITORIAL BETANIA en sus manos, para poder gozar, como he gozado yo
en tantos años, del genio creador de un hombre que supo hacer del
amor el mejor motivo de su palabra. Paco Barrero ya no tendrá que
calentar fotocopiadoras para hacer felices a mis oyentes.
Cadena Ser
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POEMA
DE LA CULPA
Yo
la amé, y era de otro, que también la quería.
Perdónala,
Señor, porque la culpa es mía.
Después
de haber besado sus cabellos de trigo,
nada
importa la culpa, pues no importa el
castigo.
Fue
un pecado quererla, Señor, y sin embargo,
mis
labios están dulces por ese amor amargo.
Ella
fue como un agua callada que corría...
Si
es culpa tener sed, toda la culpa es mía.
Perdónala,
Señor, tu que le diste a ella
su
frescura de lluvia y su esplendor de estrella.
Su
alma era transparente como un vaso vacío:
Yo
le llené de amor. Todo el pecado es mío.
Pero,
¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera
turbadora y fragante como la primavera?
¿Cómo
no haberla amado, si era como el rocío
sobre
la yerba seca y ávida del estío?
Traté
de rechazarla, Señor inútilmente,
como
un surco que intenta rechazar la simiente.
Era
de otro. Era de otro, que no la merecía,
y
por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.
Era
de otro, Señor. Pero hay cosas sin dueño:
Las
rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.
Y
ella me dio su amor como se da una rosa,
como
quien lo da todo, dando tan poca cosa...
Una
embriaguez extraña nos venció poco a poco:
Ella
no fue culpable, Señor... ni yo tampoco!
La
culpa es toda tuya, porque la hiciste bella,
y
me diste los ojos para mirarla a ella.
Si,
Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar
y
si es culpable un río cuando corre hacia el mar .
Es
tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,
que
sería un pecado mayor si no la amara,
Y
por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,
que
tú, que hiciste el agua, y la flor y la estrella,
tú,
que oyes el lamento de este dolor sin nombre,
¡tú
también la amarías, si pudieras ser hombre!