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Antología poética con ilustraciones

ISBN: 84-96085-40-6

 

Porque dicen que tengo los ojos azules:

de mar,

de cielo,

de llanto.

Quizás por eso, me agradó la sugerencia de este título para el libro (gracias Alena).

 

También, porque ese color de ojos me recuerda, en un momento de mi vida en el que parece que quiero olvidarlo todo, a dos personas: a mi madre, que ya se ha ido, y lo ha hecho sin que le comente algún pasaje de estas líneas, como solía hacerlo siempre que iba a publicar un libro.

 

Se ha ido sin que pudiera decirle, que a pesar de nuestras guerras, gracias a ella, por haberme parido, han llegado a existir esos otros ojos azules que han llenado mi vida. Los ojos de mi hijo.

 

Madrid 7 de Mayo 2005

 

Este día, es un día muy especial. Hubo en mi camino otros ojos azules que hoy cumplirían años. Ángel, mi hermano, un Ángel que cuidó de mi hasta que voló.

 

Lía

 

Dime: ¿si te hago una confidencia, perderé tu amistad?

 

 

 

 

Prólogo a una EVOCACIÓN

 

Victoria habla de si, para hablar de todos, tras identificarse en la evocación que explora la memoria. Dice: "Es más agradable el sabor del tabaco que la mentira". y en otro momento: "levantamos el hacha de la ignorancia".

 

Cultiva la amistad como a delicados bonsáis, abonando su fruto de afectos. habita donde el alma atesora palabras. Encallada en el verbo, ensaya navegar, cómplice de cierzos y auroras boreales. Sólo así se siente libre.

 

A veces un símbolo, axiona o metáfora acercan más fácilmente la realidad en el intrincado universo de los sentimientos. A flor de piel los sueños se cuelan, permanecen en nuestro paseo diario por las neuronas, que sólo cuentan lo que ven a través de las vigilias, en duermevela de las horas, que se defienden escapando a objetividades no deseadas.

 

Pensamos desde cada poro de esa piel, como sólo ella sabe y nos hace sentir. Palabras de mujer escapando al destino que aboca a enmudecer, silencios amordazados en siglos de intrahistoria, ausente de nuestra rúbrica, en el quehacer de la creación. Mundos, que sólo por hallarse en este, deben contar. No ser más hurtado un legado cultural que ha de ser restituido en archivos de memoria

colectiva.

 

Lo que no se conoce no existe: "Mañana, es un futuro distante amanezca o no."

 

Saludamos a esta escritora, que merece contar, sumarse, ser investida como vate, testigo del siglo que entreabre horizontes acordes, en el proceso de ser completado el mapa de una más que espléndida realidad, de este momento clave de la historia sin sesgos.

 

Rosa Moreno Hernández

Primavera 2005

 

 

 

 

 

Prólogo a ojos de agua en naturaleza viva

 

 

No fue fácil, nada fácil, convencer a Victoria Pereira de que incursionara con su pluma en lo que hemos dado en llamar, en el Foro literario Sensibilidades, el "texto mixto", o sea, la conjunción en un mismo escrito de poesía y prosa poética, engarzando ambos estilos en un contrapunto de emociones

y propuestas.

 

Costó trabajo, sí, pero a fe que el resultado ha sido espectacular y magnífico.

 

Este libro que te dispones a vivir, lector, es una muestra exquisita de estas mixturas poéticas a las que Victoria ha sabido adaptarse como en guante de raso, haciendo de ellas el vehículo más propicio para sus sentimientos literarios.

 

Nada, en todo el libro, resulta falaz o rellenante; ningún texto de los que lo componen puede desembarazarse de los que le rodean, anteceden o prosiguen: se trata de un poemario mixto en toda regla, en el que cada hito sugerente se complementa con sus restantes, componiendo una pirámide

de excepcional categoría lírica y de imprescindible necesidad lectora.

 

Catarsis de mujer-hembra, enamorada del amor: un amor que roza siempre con dedos de pluma y con "ojos de agua" para que no se reviente ni se malee, acunando tristezas y futuros desde el impulso natural de una vida que ha ido pasando páginas, pero que guarda, aún, millones de páginas

para soñar y querer, a pesar de "todas las vidas a cuestas" o de las "dudas y reproches" que las cicatrices del tiempo pudieron marcar en esas "caretas" que vigilan las horas.

 

Poesía y prosa lírica que te envuelve, remeciendo sobresaltos desde sugerencias tornasoladas con un estilo en el que la nostalgia se hace aroma de futuros -nunca de vencidas batallas- y en el que el murmullo se convierte en pájaro volandero para aquilatar madrugadas recientes.

 

Victoria arrastra al lector por meandros de sube y baja desde el borde de sus letras, en las que se entrecruzan pasados y pretéritos con naturalezas vivas y esperantes que, como los "ojos de agua" lloran y sonríen desde el corazón hasta los labios.

 

Libro para leer con calma, susurrando madrugadas de silencios, atardeceres con lunas soñadas, que se asomen a tus ojos, lector, y que te murmuren al oído eternas canciones como las que este "ojos de agua" te ofrece y entrega.

 

No te lo pierdas, sería una pérdida imperdonable...

Luis E. Prieto - Sierra de Madrid

 

 

Epílogo

 

Una leyenda india dice que los nombres que eligen los adolescentes cuando se hacen adultos marcan para siempre el destino sus vidas. Así será distinto nombrarse "hijo del viento" o "colibrí nacido en el bosque", o también, "Ojos de agua".

 

En este caso es el nombre que Lía eligió para su libro, dejando con esa decisión que el destino, ya para siempre, identificara a sus escritos con la libertad (el agua) y la mirada (los ojos).

 

El lector/a estará conmigo, pues ya ha terminado el libro, en que hay un profundo sentimiento que determina estas páginas: la decisión terminante de no volver atrás. De no regresar jamás sobre los pasos que se dieron. Algo así como esos mismos adolescentes de la leyenda que explicaba, cuando emprenden su camino sin la fortaleza de sus guías.

 

Solos frente a su vida entera. Y Lía, Victoria Pereira, electora de su nombre, se encamina así en este libro hacia su futuro.

Va marcando en cada escrito los pasos del viaje: la renuncia al ayer sin frutos ("he volado con las alas rotas"), la negación del amor infecundo ("al final del camino no encontrarás mi bendición"), el reconocimiento y la asunción de errores ("me senté en la orilla equivocada"), y finalmente el despojarse de lo accesorio, de lo que ya no se necesita, de lo que estorba para continuar Viaje, ("no defiendo el recuerdo que no existe"), ("voy a comunicarme con los fantasmas a nombre descubierto...mientras se viene abajo el tiempo de nostalgias")...

 

Si el lector ha leído "la puta que lleva dentro", habrá encontrado un resumen de todo el poemario en este sentido de liberación personal, no obstante, le faltará, a mi modo de ver, otro texto fundamental, y complementario; "Con toda la vida a cuestas": esa letanía de frases marcadas que, a casi todas las mujeres nos imponen como deber explícito del nacimiento a la cuna, ese formulario de vida "decente", es el que Lía rompe en pedazos a través primero del propio texto, que desmitifica toda esa crucifixión del sexo femenino en aras de la ortodoxia, y segundo a través del poema que señalaba, donde cada "nombre" "nombra" la capacidad de esta mujer para decir que No.

 

Pero el viaje no estaría cumplido sin el nuevo papel que el sentimiento del amor juega en el poemario: por primera vez en los escritos de Lía, el amor no es sumiso, no es esclavo, no es acatado. Es por el contrario compartible, pactado, cómplice...recordará el lector el texto "si no existieras", en este escrito a través de un juego entre esperanza y deseo, duda y certeza, desgrana la autora su nueva visión amorosa, que, además, se hace lúdica e incluso festiva.

 

Pero no debería terminar yo este epílogo sin hacer alusión a una etapa del viaje de Lía, que me parece fundamental, y es su apuesta formal por una nueva estructura poética.

 

Los pasos de este viaje, el lector habitual de nuestra autora los conoce. Primero (Cuadernos de Alcorcón, por ejemplo, o en su libro La Niña y el Mar) poesía clásica en formas y ritmos, predominio de octosílabos, estructura rimada, abundancia del soneto. Más tarde, en Versos para él, adopción de ciertas licencias estructurales, aparición de ritmo interno, pérdida y abandono gradual de formulación clásica, progresiva desaparición de la rima.

 

Y llegamos al fin del viaje en este caso estructural, con este poemario, en el que no sólo se abandonan formalismos y estilos, sino que se apuesta decididamente por el género mixto. Es decir, como en la vida, como en el viaje interior, en el ropaje externo lo que se instala es la Libertad.

 

La libertad de decir y nombrarse con su nombre, la libertad de jugar con la palabra, la sagrada libertad de mirarse en todos los espejos y romperlos: porque quien lleva consigo Ojos de Agua no necesita espejos para saberse suya.

 

Un placer textual y lingüístico haber asistido a este libro, un privilegio epilogarlo, casi tanto como el que el lector de estas páginas habrá tenido de perderse en el nombre de Lía.

 

María Antonia Seguí Collar (Alena)

Madrid

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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