"LÍA" UN TIEMPO SIN FIN

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PRÓLOGO
Encontré a Lía en el ciberespacio. Me alcanzaron los bites que emitían sus ojos, mensajeros de místicos reflejos. Navegaba en busca de belleza, de paz y de emoción. Arribé a su costa y anclé en su ensenada. Paseé por las amplias avenidas de sus poemas, calmé mi sed con sus palabras y busqué la mano que se abría generosa a la comunicación. La dirección de correo electrónico me incitaba a ponerme en contacto con la autora, a pedirle que trajera hasta mi orilla la nave de sus versos.
Poco
después, tras un enriquecedor intercambio de mensajes, Lía dejó paso
a Victoria Pereira, a un ser real, maravilloso, sensible, bondadoso,
lleno de amor. Compartimos escritos y conocí con detenimiento su obra,
resultado de dos personalidades que habitan dos mundos unidos por un
sentimiento romántico de la vida: Victoria Pereira y “Lía”.
La emoción es la característica fundamental de sus poesías, imprescindible en cualquier obra de este género, sus versos alcanzan cumbre. En este libro, la autora presenta un conjunto de símbolos que unifican las distintas secuencias producto de distintos momentos y vivencias, y entre ellos, como referencia sutil, la figura central de un personaje imaginario, de Lía, sobre el que incide el paso del tiempo, el amor, el dolor, la nostalgia... El entrelazado de imágenes, la coherencia temática, hacen que el poemario presente, además, las características de la novela, la narrativa e, incluso, del ensayo, por cuanto que relata, expone y analiza los cambios que se producen en la persona por las circunstancias de la existencia bajo el paso del tiempo y los avatares de la vida.
Analizando la temática de su obra encontramos que el pasado está presente sobre cada instante. Dice en uno de sus versos:
“entre
nubes y recuerdos hacinados”.
Pero
los recuerdos no oscurecen el paisaje interior, se asoman a la esperanza
en el futuro:
“¿Qué
te queda de tu tiempo,
del
pasado,
si
no dolor?
Espera
pues a ese amor para levantar las alas.”
La nostalgia acerca, igualmente, a un sentimiento de búsqueda de la felicidad que aún no ha terminado:
“Cuando
la absurda distancia
se
tropieza en mis recuerdos,
asoma
una niña incierta buscando felicidad”.
El amor sigue vivo, a pesar del paso del tiempo rebrota en el otoño:
“Ese
extraño sendero
donde
nunca imaginaba pudiera
lucir
el sol,
era
el sueño del amor,
un
papel gritando en blanco
por la vida que escapó.”
El ser imaginario, “Lía”, y el ser real, Victoria, se enfrentan ante el amor-dolor con sentimientos contrapuestos:
“En
una noche que presume,
porque
será tan larga
como
la angustia que siento en el corazón.
¿Dónde
vas Lía? te pregunta la razón.
No
lo sé. Tú sabes como soy,
me
conoces de toda la vida.
Yo no soy Lía.”
Y la esperanza, característica fundamental de la obra, subsiste más allá de la muerte:
“Llegaré
a estar muerta;
sin
embargo,
el
reverso de mi vida,
habrá sido hacer un verso.
Doy la enhorabuena a Victoria Pereira y a Lía por este hermoso poemario, que merece ser meditado, interiorizado y gozado.
Emma-Margarita
R. A.-Valdés
Catedrático
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A GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Ansiedad, triunfo, victoria,
es mi propia soledad.
Un Macondo sin cien años.
sin dormir
y sin cantar.Igual a ese Coronel de tu historia,
un tal... Aureliano Buendía,
sin ser bella,
ni Remedios,
en mis manos nació Lía.Valiente sí, muy valiente
con un grito en la garganta,
como Ursula luchadora,
callada como Amaranta.Mil batallas en su mente,
miles de versos soñando
y en su Macondo enterrando
las arrugas de su frente.No hubo ni un fusilamiento,
el hielo ya era inventado,
poca familia y hermanos
que murieron sin matar.Quise crear para ella
un Macondo sin tiempo,
cuando yo me haya marchado,
ella seguirá viviendo...
consumiendo soledad.