Comentarios realizados en la presentación de Barcelona (Hogar Extremeño)

19-06-04

por: José Antonio Martínez Prior (Científico, Escritor, Poeta y sobre todo, una entrañable persona dentro del mundo literario)

 

 

Como prólogo e introducción a esta presentación quiero referirme brevemente a un comentario escuchado hace algún tiempo en una tertulia radiofónica. Una participante, refiriéndose a cierta noticia biológica donde se afirma que las mujeres podrán engendrar hijos sin participación directa o indirecta de varón, sacaba la conclusión ¡nada más y nada menos! de que en adelante las mujeres no necesitarán para nada de los hombres. 

Este comentario, una de las muchas boutades que suelen decir las gentes que se meten a progresistas siendo ignorantes, me ha venido a la mente a propósito de este poemario que tengo en las manos, el cual, me apresuro a adelantar, me parece algo así como la antítesis de la citada boutade. 

En efecto; nada más antiguo y enraizado en la genética de la especie, y diferenciador, en términos generales, de lo que nos separa de los demás seres de la biosfera, que este eros sublimado que proyecta a hombres y mujeres en el juego a ultranza maravilloso; a veces tenso, a veces incluso angustioso, de no buscar el espejo de Narciso en la imagen del propio sexo. La procreación es ¿quién lo duda? uno de los motores del amor; más muy poco imbricado debe estar en su propia naturaleza quien piense que es el único. El psiquiatra Jung nos habla de esas imágenes complementarias que el hombre como hombre y la mujer como mujer, tienen del otro, el él o la ella, a los que llama animus y ánima. En los sueños de la mujer está el hombre, y en los del hombre la mujer, tanto como aspiración sublimada de afecto y ternura, cuanto como objeto de deseo físico. Pero eros, ese semidiós engendrado en la mitología griega, de Poro, el recurso y la capacidad, y Penia, la miseria, luego del banquete divino con motivo del nacimiento de Afrodita, es a un tiempo rico y pobre, expresión del ideal y la carencia. Tendemos a... porque no somos redondos, porque sentimos, más allá de las urgencias del  gen egoísta de evocación  reciente, íntimamente carentes de esencia, medias naranjas, espiritual y físicamente. 

La palabra felicidad incluye esas dos vertientes, y la palabra atracción va incluso más allá. Los amantes que se buscan en la noche no es ya sólo el placer lo que pretenden, sino el éxtasis, el salir de sí mismos, para anegarse en una suerte de comunión mística con el otro, en un profundo acto dialógico, como diría el filósofo Martín Buber, que de alguna forma remedie esa carencia esencial. Ser, a fin de cuentas, es ser otro. Sin el otro, flotamos en la nada. La poeta escribe:

 

No sé si sabes

cómo se enciende

mi vergüenza si me besas;

cómo me alzo

del borde del abismo

si me rozas.

A mi juicio, ése es el mensaje profundamente telúrico y encantado de este libro, “Versos para él”, de Victoria Pereira “Lía”. La belleza emerge de sus líneas como un perfume de jardín mágico, donde las Hespérides guardan las divinas manzanas de ese eros que busca el placer como éxtasis, y la fusión con el animus junguiano como dialógica  que transciende incluso la felicidad; ya que él, es tanto la imagen, como el deseo, como la ausencia, como la tortura:

 

“en ese instante –dice la autora- germinará en mi pluma,

un mandamiento perdido por la ley;

amar en peregrinación sin tino”.

 

O

 

Me afirmo complaciente

en tus brazos,

sin un ápice de cordura.

 

O más

 

No sé si eres

un mar de sueños,

o un deseo amargo.

 

Y otro paso más:

 

Donde mi sangre se seca, duele.

No hay amor más grande que esta herida. Abierta.

En línea paralela a la de aquella apasionada poeta argentina, también mágica, Delmira Agustini, “¡Si la vida es amor, bendita sea! ¡Quiero más vida para amar! Hoy siento que no valen mil años de la idea lo que un minuto de azul sentimiento”; y en línea también con alguna otras poetas del momento, que transmiten sueños de un eros secreto, de jardín ensimismado, Victoria Pereira nos hace cabalgar en este libro entre el amor secreto y el amor arquetípico, soñado. Los inventos biológicos podrán darnos en el futuro hijos de laboratorio, como anticipaba Aldous Hussley; pero yerra quien piense que eso borrará el trazo de la vida que es más fuerte que la vida misma: la atracción de los sexos. “Mientras exista una mujer hermosa habrá poesía”; decía Bécquer. Pero hemos de corregirlo un tanto en esta concreción. Diría que el poeta romántico ahonda más en otros versos, donde aquello de “podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”, se hace tácito, pero más certero; o sea, en aquellos que implican que habrá poesía mientras existan hombres y mujeres como sexos espiritualmente diferenciados; que el amor en sí ya es poesía, como lo es anegarse tanto espiritual como físicamente en el otro: “mientras responda el labio suspirando al labio que suspira, mientras fundirse puedan en un beso dos almas confundidas”. 

He aquí el jardín por donde transita Victoria Pereira “Lía”. El paisaje está servido. El yo apenas es nada sin el tú, aquí convertido en un Él. Atracción que imbrica al alma y al cuerpo en todas las combinaciones y sutilezas del eros. En un arrebato nos dice:

 

Adorará ser hombre, porque yo soy mujer.

Podemos circundar el cosmos

unidos en el deseo más intenso.

La tierra debió ponerlo ahí para que yo lo amara.

 

Y en otro, no menos mágico:

 

Tu boca,

vela roja que me enciende,

donde apago mi sed

y despojada

me bebo hasta la última gota

de tu aliento.

¿Despojada de qué? preguntamos. De sí misma, desde luego. Sólo existe el éxtasis en la fusión absoluta. Fusión absoluta que puede incluir, Narciso místico, también la ausencia, por desalentadota que ésta llegue a ser, ya por ausente que esté el otro, no por ello deja de estar presente para la electrizante mirada interior.

 

Ojos de mujer,

cerrados,

perdidos

en la importancia

que tiene una caricia,

en el requiebro

que tiene una palabras.

Ojos de mujer,

amando la verdad

y la dulzura,

por encima

de la falsa comprensión.

 

O estos otros, hacia en centro del enigma humano:

 

Si estuvieras entre mis sábanas,

te amaría.

Rozando tu cara con mi cabello rojo,

te amaría.

Acariciando tu espalda

con mis dedos curvos,

te amaría.

Mordiendo tu pecho

con mis dientes sordos,

te amaría.

Pero no estás.

No está, presencia física; no está, presencia genésica, no está, en fin, como éxtasis inducido por la presencia; pero claro que está, el él abstracto está en ella como parte esencial de su propia realidad interior. Pregunta:

 

¿Acaso es el deseo que habla

quien pone fuego sobre los ojos

en nuestra boca?

 

Y afirma:

 

No tengo prisa, aunque

veo pasar el tiempo clavando espinas,

mientras lucho por seguir vistiéndome

con aquella edad de la inocencia,

escuchando falsos requiebros

que quisieron llenarme el alma

riendo, tratando de sobrevivir,

y...

sin él.

 

Y en otro lugar:

 

Me detengo, ausente de todo, de todos,

sólo existe esta intimidad,

exigiendo momentos de éxtasis.

 

Y más y más éxtasis:

 

Es que a veces,

de tanto quererte,

me olvido de mí.

 

Y de pronto, el misterio se explicita para que no quede deuda de cual es la esencia de ese jardín perfumado:

 

Hago acopio de todo lo deseado

-         después de agitarlo fuertemente –

y sólo aparece él.

¿Cómo podría decirte que el sudor frío

que recorre mi cuerpo sólo es amor?

 

Sin proponérselo quizá, la autora pone en nuestras manos un libro a un tiempo anhelante y melancólico,  a la par que optimista. Viene a decirnos, contra los que barruntan para la humanidad un futuro gélido y sin alma, que siempre existirá el sentimiento, y el deseo; el eterno femenino y el eterno masculino; la dicha conseguida y el dolor de la ausencia; porque somos el otro, y eso, mientras exista la especie no habrá nada que lo cambie.   

 

¡Que por favor no nos quiten los sueños, que no vengan voces minerales a intentar sacarnos del arcano mágico de nuestra propia vida, a situarnos extramuros de nosotros mismos. En el Antiguo Testamento Dios dice a Moisés: descálzate, porque la tierra que pisas es sagrada. Todo es misterioso y profundo en la vida; y eros, en particular, ocupa uno de los vértices más abismales de ese misterio. 

Vale la pena tener este libro en las manos. No me queda otra cosa que recomendárselo a ustedes encarecidamente. 

Gracias a todos por su asistencia. Muchas gracias

 

 

José Antonio Martínez Prior, Lía y José Donaire Moreno, (Abogado y Presidente del Hogar Extremeño) que realizó la introducción al acto

 

 

José Antonio Martínez Prior, leyendo la presentación del acto, que he dejado al inicio

(Es una delicia escuchar recitar a estas dos fantásticas personas)

 

Para mi, fue emocionante poder recitar a Carolina Coronado, en agradecimiento a estas personas

 

La despedida...

...fue con un chaparrón