HOMENAJE EN EL CENTRO CULTURAL DE LA VILLA A MIGUEL HERNÁNDEZ

26-02-04

 

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida...

(Dentro de más o menos un mes, se cumple el sesenta y dos aniversario de su fallecimiento, y, en estos días el setenta y cinco del nacimiento de su primer libro)

Ayer estuve en el Centro Cultural de la Villa, donde se rendía un emotivo homenaje a este "autor del pueblo" y no puedo evitar mi necesidad de compartir este momento con vosotros.

Presentado por Fina de Calderón, fueron pasando ante nosotros los momentos más carismáticos de Miguel.
Desde su sobrina, mi entrañable amiga Rosa, las palabras de Leopoldo de Luis ensalzando su obra, hasta la voz maravillosa de Julio Núñez, gran actor y mejor declamador de esta obra, pasamos por momentos inolvidables.

Nunca he conseguido memorizar un poema entero, ni trato de hacerlo, pero la primera vez que recité esta Elegía, se me quedo grabada para siempre.

 
ELEGÍA


(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me
ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con
quien tanto quería)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.

Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
 
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
 
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera;
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.

Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y en tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata le requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.