PRESENTACIÓN EN EL CENTRO CULTURAL "MAESTRO ALONSO"  12-06-03

 "LA NIÑA Y EL MAR"

Y RECITAL POÉTICO DEDICADO A JOSÉ ÁNGEL BUESA

 

Olga presentando el libro

 

Olga, Lía, Mandy y Teodoro

Ogsmande Lescayllers  y Teodoro Rubio, endulzan con sus palabras cariñosas a esa Niña y su mar...

 

MAREJADAS POÉTICAS EN LA NIÑA Y EL MAR

 

Cuando el mundo parece que se cansa bajo la terrible estampida de las armas, las voces de mando de los políticos y los vaivenes de la balanza de la economía; en ese instante agónico y preciso, surgen los poetas.

 

El canto, la poesía que es un engendro del amor, no nacen ni se hacen exentos de dolor, de agonía y sufrimientos.

 

La palabra es, ha sido y será la mejor arma o el mejor instrumento para instaurar la paz y la concordia entre los hombres sobre la tierra.

 

Cuando ensordecemos por causas de la arrogancia, la  ceguedad mental o simplemente, porque nos hemos petrificado ante una realidad cada vez más dura para el hombre y la sociedad en su conjunto, el único medio viable para volver a ser, es la palabra.

 

Nadie mejor, para portar y conducir la palabra, que sus verdaderos cultores: los poetas.

 

Ante la visión tamaña de la naturaleza y sus componentes, de la que el hombre es sólo un pequeñísimo sujeto, se imponen la grandeza de los montes, los desiertos, el cielo, el mar y las estrellas. 

Quizás, porque somos agua, el hombre siempre verá al mar como su referente. Le ama, le teme, lo mima y le canta. Somos, en fin, sin lugar a dudas, marineros en tierra. 

Sentimientos, playas, olas, arenas, marejadas, ensenadas, acantilados, barcos, timón y sueños, sirven de corolario al mástil de esta nave de ensueño y añoranzas, que en sus días, la niña pequeñita que era entonces puso en proa, para que luego, la niña grande que hoy Lía, con menos temor a las envestidas del oleaje o la calma serena de las profundidad marina, la llevaran aquí y allá, sin carta de mareas. Sólo con la mirada atenta y la mente en ristre. 

Lía quiere contarnos, mejor relatarnos, aquel encuentro de ella con el mar, de su mar, de ese mar, que en este caso, sirve como telón de fondo, o como pretexto para descarga las visiones, e imágenes internas, que alejadas de las orillas, toman otras sustancias, hechuras y matices, que van signando o marcando, los pálpitos del corazón ante el desgarramiento que nos provoca el amor o el desamor.

Más allá del mar con sus aguas interminables, undosas y azules, se visualiza en este libro, el gran océano de los sentimientos. El referente está en lo psicológico y de una esquina otra vuela a hurtadillas la pasión.  

Las olas, la pleamar, las ensenadas, a veces no son tales, pero cualquier pretexto es bueno cuando se hace necesario testimoniar o poner en fuga, lo que nos van dejando en sus  corridas los dolores. 

La niña no sólo describe, sino pinta lo que trae y se llevan el fluyo y el reflujo. Flujo y reflujo de la conciencia, primero en ciernes, luego, desde la plenitud, pero todavía vacilante, porque el hombre nunca termina de sentar sus pies sobre la tierra. 

Escuchemos al poeta como nos marca claves de orden sinestésico, para luego insertarnos en su en su universo de olas. 

“Como quien viste los ojos de un ensueño    

             Me visten esas olas al andar” 

Olas al andar como ese mar que teje desde la

distancia, desde la lejanía madrileña, donde no se escucha ni se percibe el sonido de las olas. Pero su mar interior es así, con sus escapadas, de encuentros y desencuentros. Es ahí, donde los dominios seriados o niveles sindéticos y asindéticos de su expresión, adquieren sonoridad de brisa, se enmarisman, como si el soplo que llega de barlovento o sotavento se enfiestara con el crepúsculo y entrara al oleaje, para luego estallar entre los acantilados de la orilla, o revestirse de concha, para quedar eternamente inserto en las arenas. 

Declara Lía.

Agua para el dulce encuentro, sólo agua... 

Ante ella, el mar adquiere esa dimensión inconmensurable de la que nada ni nadie puede escapar. 

En ocasiones se siente“barco a la deriva”, “blanca espuma que surca las aguas” Es decir, se enfrenta al mar, lo trasunta, porque quiere conocer de cerca sus misterios. 

En “LA NIÑA Y EL MAR”Victoria Pereira, Lía, nos deja un poco de sus emociones contenidas. Las dice y las canta, a sabiendas que otros, con la misma urgencia que ella, las tomarán como testigos. 

Ogsmande Lescayllers.

 

 

 

 

 

 

 

 

Luis E. Prieto dedicó a Lía "La elegía al niño mariscador"  de José María Pemán

CARACOLAS

 

          (En homenaje a Xavier: corsario, galego y europeo)

 

Caracolas... Caracolas...

 

Niña, déjame oír tus caracolas

ahora que se me cansan las palabras...

 

Caracolas... Caracolas...

 

Te dejaré mis amores y ternuras

para que pintes de colores los recuerdos...

 

Caracolas... Caracolas...

 

Déjame, muchacha misteriosa,

hacer magias encendidas con tus besos...

 

Caracolas... Caracolas...

 

Voy a dejarte mis canciones trasparentes

para que las vistas de dulces añoranzas...

 

Caracolas... Caracolas...

 

Dame, hembra fugaz, tus caricias

que estoy buscando una roca de saudades...

 

Caracolas... Caracolas...

 

Te prestaré mis morriñas escondidas

para que sepas multiplicar tus emociones...

 

Caracolas... Caracolas...

 

Te oigo sin tocarte

y sé que los colores de mis risas

han emparentado con tus ritmos

de viejo corsario sin anzuelos...

 

Luis E. Prieto

 

Juan José San Gil, también ofreció a Lía un hermoso poema marinero:

 

Más allá del mar

 

Cuando te emocionas se te inundan los ojos.

Un mar profundo y bello se agita.

Las olas baten tus pupilas;

inundan tus iris.

 

Sabes que eres cuerpo de romance,

pecho agitado.

Te tiembla el tono de la voz.

Te crecen los sentimientos.

 

Cuando te emocionas se te inundan los ojos.

Un río claro y sereno te surge.

Un torrente de voces te va apasionando.

 

Quieres a tu gente.

Te gusta verlos crecer.

Cuanto más difícil sea su camino,

cuanto de más bajo se parta

y más fuerza se ponga,

más se te inundan los ojos;

más se te agita el pecho;

más se te inundan los ojos

pero no lloras

porque eres feliz.

 

 

MI PROPIA ELEGÍA 

 

Cuando esté muerta
ahí en mi cama,
            - quién sabe -
es posible
que alguien comente:
"Escribía poesías".
"Siempre estuvo sola".
          - No es del todo cierto -
Viví acompañada
por mil despertares,
algún gran amor
y mucha fantasía.

Escalé los bordes
de las primaveras,
amando la mar
y mirando al cielo.

No podrán decir,
aunque mi voz se pierda,
que no quise ser salvada,
cuando el llanto me llegaba
por algún camino adverso.
Llegaré a estar muerta;
sin embargo,
el reverso de mi vida,
habrá sido
hacer un verso.

 

Y... llegó la hora de recitar a Buesa

 

Vengo del fin y voy hacia el principio.

He aquí toda la magia y todo el sueño.

Una gran agonía de nubes y raíces,

y un oscuro cansancio de mirar las estrellas.

 

Cuando estoy; vengo del fin del hombre

y voy hacia el principio de las cosas.

 

Amargamente muero en la resina

y me voy en el agua que no vuelve.

He aquí mi canto en sueño y en tiniebla:

soy el hombre que canta para olvidar su sombra.

 

Quizás te diga un día que dejé de quererte,

aunque siga queriéndote más allá de la muerte;

y acaso no comprendas, en esa despedida,

que, aunque el amor nos une, nos separa la vida.

 

Quizás te diga un día que se me fue el amor,

y cerraré los ojos para amarte mejor;

porque el amor nos ciega, pero, vivos o muertos,

nuestros ojos cerrados ven más que estando abiertos.

 

Quizás te diga un día que dejé de quererte,

aunque siga queriéndote más allá de la muerte;

y acaso no comprendas, en esa despedida,

que nos quedamos juntos para toda la vida.